¿Ahora amas a Britney?

Hoy todos aman a Britney Spears. Un tsunami de solidaridad le cayó a su mundo, celebridades y extraños (como la que escribe) la rodean y la apoyan desde su rincón del mundo. Con un simple hashtag #FreeBritney la gente anónima le dice “Britney estoy contigo”. Parecerá moda, una cosa tonta y hasta superficial, “tanta gente muriéndose de hambre y tú escribiendo #FreeBritney”, pero creo que para ella en estos momentos debe ser alentador ver ese #FreeBritney, es sentirse aceptada y acompañada. Y aunque parezca una moda millenial ese #FreeBritney representa en realidad un clamor, no sólo para las personas que viven situaciones similares a la de Spears sino para las mujeres que han sido y son vilipendiadas como Britney.

Es bueno que ahora la respalden, es lo correcto, pero este apoyo unánime es una muestra de la hipocresía social. Hace exactamente un año, en las redes se burlaban de Britney, sin piedad no la bajaban de loca, debido a varios vídeos que ella publicó en su Instagram, donde baila raro, hace caras extrañas y tiene el delineador de ojos corrido.

Debido a esos videos que publicó, se burlaron a sus anchas de ella en redes, loca era el apelativo más leído, “regrésenla al psiquiátrico”, “está drogada”, “no sirve para nada”, eso y más le decían, le escribían en su propia publicación. Todo eso lo leyó Britney en julio de 2020. Hoy en agosto de 2021, Britney puede leer otras cosas, palabras de animo, mensajes de apoyo… un año después ya no es loca, es víctima.

Y sí, es víctima desde hace 12 años, desde el día en que cayó en manos de quienes administran su vida.

Pero, lo justo es decir que el mundo ha sido cruel con Britney, ella encarna la crueldad humana hacia muchas mujeres, en el caso de ella, una figura pública.

Una persona famosa como Britney se expone a que el mundo esté atento a ella, a lo que hace y deja de hacer. Pero, al mundo se le olvida eso, que ella es una persona, vulnerable y emocional, como tú o como yo, como cualquiera. Los periodistas y los fanáticos sin piedad han devorado a Britney por años. Ha sido el foco de las burlas, las críticas y las miradas, sin importar la persona que ella es y el golpe emocional que recibe cada vez que la atacan.

He leído tantas veces a lo largo de estos años como se han burlado del cuerpo de Britney. Primero, cuando era más atlética, delgada, exitosa y no la habían catalogado de psiquiátrica, Britney era la más sexy y la más linda. Su cuerpo era un producto a la venta de los ojos morbosos, sus bailes, su ropa, sus fotos, el cuerpo de Britney era mercancía y gracias a eso vendía lo que le ponían, perfumes, ropa, calzado… Nadie criticaba el cuerpo de Britney, lo admiraban.

Pero el cuerpo de Britney cambió, tuvo una crisis emocional y se rapó, ahí la catalogaron de loca psiquiátrica y perdió su libertad, su cabellera dorada desapareció y se volvió para la prensa en “fea, calva y loca”. Esa foto con la cabeza rapada la convirtieron en meme y se volvió la burla pública ¿Alguien pensó en qué sentía Britney cuando leía y veía cómo se burlaban de ella y sus desgracias? Creo que no, era filete servido para los periodistas, los paparazzis la fueron a perseguir hasta el psiquiátrico donde la enviaron, querían una foto de Britney llorando, había revistas que estaban pagando por una foto así.

Decirle loca a una mujer ha sido, desde siempre, una de las principales formas de machismo y violencia. Desde mucho antes de la Antigua Grecia viene el yugo de las mujeres locas, nos han considerado histéricas, locas o intensas, cuando nos salimos de los cánones establecidos por la sociedad en general y también por los patrones establecidos por nuestra familia, amigos y trabajo.

Cuando a una mujer se le etiqueta de loca, instantáneamente la anulan. Los argumentos y las razones que pueda tener desaparecen ante la palabra loca. Y las locas no sirven socialmente, son desquiciadas que hablan estupideces y que no piensan con sensatez. No son capaces de dirigir “correctamente” su vida.

Y eso fue lo que le pasó a Britney, le negaron su derecho a colapsar ante la presión con la que vivía (vive), y la ansiedad normal que puede sentir cualquier persona no era permitida para ella. Aprovecharon su momento de vulnerabilidad para anularla, para quitarle su autonomía, someterla y controlar su vida.

El primer paso para dañar a Britney fue decirle loca, así la anularon como persona, callaron -literalmente- su voz para expresar la realidad que vivía, para quitarle sus argumentos y declararla incapaz de ser racional.

No contentos con esto, la prensa inició un proceso mediático para burlarse de la apariencia física de Britney, cual hienas devorándola mientras está herida y vulnerable. Fue mamá y subió de peso, proceso normal en todas las mujeres, pero Britney no tenía derecho a engordar. Su peso se convirtió en portada de revista sensacionalista, todo el mundo juzgándola por estar gorda y burlándose de ella. Britney perdió valor dentro del mercado al subir de peso, también perdió respeto, gracias a la prensa la gente se sentía con el derecho de mofarse de ella.

Y eso no es parte del pasado, ese también es el hoy de Britney. En una publicación de Instagram la cantante denunció cómo los paparazzis editan las fotos que le toman en la calle, para hacerla ver gorda y demacrada. Para seguir vendiendo la imagen morbosa de una Britney en declive.

Segundo paso para dañar a Britney, destruir su autoestima, burlarse de su cuerpo, se su apariencia física, hacerla sentir que no vale nada y que no es hermosa.

Desde hace doce años Britney no es dueña de sí misma, no es dueña de su cuerpo, no puede ser madre, los que controlan su vida se lo prohíben; no puede gastar su dinero en lo que ella desea, no puede en sus shows decidir qué canciones quiere interpretar para sus fans, ya ni siquiera las puede interpretar como denunció ella en su Instagram. La vida de Spears está llena de ‘no puedo’. Y en esta docena de años los maltratadores de Britney no sólo son sus abogados, sus custodios y su padre, son también, los medios de comunicación que la han despedazado, difamado y burlado, junto con miles de desconocidos que la han puesto al escarnio público porque baila en la sala de su casa, despeinada y con el delineador corrido.

Este #Free Britney representa mucho más que a Britney, representa a las miles de personas, que a diario son anuladas al etiquetarlas como locas, porque no siguen los parámetros convencionales; #Free Britney representa a todas las personas que han dañado emocionalmente cuando se burlan de su apariencia física porque no cumplen las expectativas ajenas. #Free Britney es un grito de libertad emocional, física y mental.

Ahora todos aman a Britney, ella no merece menos, debe recibir amor, apoyo, empatía y solidaridad,  sobre todo de los medios de comunicación que han sido gestores de sus desgracias. Esos medios que hoy se burlan de otras artistas, sueltan a una y agarran a otra para llenar titulares, normalizando el maltrato emocional.

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