Felipe A. PriastOpinón

EL GÜEVÓN DE PETRO

Las lagartijas han salido de debajo de las piedras, tal como yo lo anticipé. Con el cuento de que “Duque lo ha hecho bien en la pandemia” el uribismo tomó un segundo aire y ha regresado envalentonado.

Les voy a contar una historia de mi juventud cuando vivía en Cartagena, una historia real. Cuando yo era pelao en Cartagena, había un turco bastante popular en Bocagrande que tenía un negocio de hamburguesas. El man era (o es, porque todavía está vivo) el típico hablador de “mondá” cartagenero: gritón, fanfarrón, exagerado, pero al mismo tiempo, simpático y chistoso. Todo el mundo lo conocía y él era llave de todo el mundo pues media Bocagrande iba a comer hamburguesas a su chuzo.

Sin embargo, este turco cartagenero poseía un defecto eminentemente cartagenero: el man era un cobarde cuando le tocaba enfrentar una situación difícil sólo. Para los que no conocen la indiosincracia cartagenera, en especial la indiosincracia de los cartageneros “de bien”, estamos hablando de una manada de hienas. Los cartageneros se mueven como hienas, en grupo, en manada, en pandilla. En una pelea, tú no peleas con alguien, peleas con la “manada” entera. Es por eso, en parte, que en Cartagena todo el mundo tiene su “bonche”. “¿Ese man con quién anda?”, es una típica pregunta en Cartagena. Hay que conocer primero su grupo, para saber quién es esa persona. El Individualismo reducido a su identidad de grupo.

Pero volviendo al cuento del “turco” de las hamburguesas, el man tiene un cuento famoso. El man tenía una scooter, una motico de esas de 50 cc, y andaba para arriba y para abajo en ella por todo Cartagena. Una vez, venia del centro hacia Bocagrande en su scooter, y en la entrada de Bocagrande, a la altura de la Base Naval, un cachaco en un carro lo cerró y lo cerró mal, quizá sin darse cuenta que a su izquierda iba un man en una motico. El caso es que este turco conocido mío se emputó por la cerrada (y hasta con razón), pero como estaba solo, sin su combo, la vaina se quedó en una puteada de moto a carro, o de carro a moto, y el cachaco siguió su camino como si nada. Como el cachaco iba en un automóvil, un vehículo con más potencia y más grande, el man aceleró y dejó atrás a este turco conocido mío. Sin embargo, después de la Base Naval, ya entrando propiamente en la avenida San Martin, hay un semáforo, y el semáforo estaba en rojo cuando el cachaco llegó a ese punto.

Al ver esto, el turco conocido mío se escurrió entre los carros detenidos por la inercia forzada a la que obligaba el semáforo, hasta que llegó al carro del cachaco que lo había cerrado. Frenando un poco la moto en la que iba, el malparido le metió una patada a una de las puertas del carro del cachaco y la hundió, gritándole “¡Cachaco hijueputa, ves a cerrar a tu puta madre!”, o algo por el estilo.

Tan pronto el semáforo cambió a verde, el turco de la scooter aceleró lo más que pudo y se dirigió a todo vapor hacia el Club Cartagena. En esa época los pelaos de Bocagrande, en especial los socios del Club Cartagena, se sentaban en la “Lomita del Club”, que era la loma de entrada para carros, el sitio en donde los vehículos descargaban a la gente en las fiestas o durante otros eventos sociales.

Este turco sabía que, a esa hora, seguro muchos de sus amigos iban a estar ahí, en la “lomita del Club”, y que allí encontraría los refuerzos necesarios para confrontar al cachaco ofendido, pues él estaba seguro de que el cachaco lo iba a perseguir hasta la entrada del Club Cartagena.

Así fue. Con la puerta de su automóvil hundida por la patada de mi turco conocido, tan pronto el semáforo cambió el cachaco se fue detrás del turco de la moto, sin darse cuenta que el turco de la moto lo llevaba a una trampa.

Tan pronto el turco del negocio de hamburguesas llegó a la lomita del Club Cartagena, parquió la moto, le dijo a sus amigos que hablaban mierda allí sobre lo que le había ocurrido, y para cuando el cachaco llegó emberracado a buscar venganza, ya la “manada” lo estaba esperando.
¡Pa’ qué fue esa vaina! Al pobre cachaco le dieron su muñequera como entre 10 y no le quedaron ganas de pasar más nunca por el Club Cartagena. Sobra decir que nunca le pagaron por la puerta hundida, y nadie asumió sus gastos de hospital.

Para mí, esta historia siempre ha sido una de las historias que mejor sintetiza el “pobrediablismo” de Cartagena y una de las razones por las cuales me fui de esa ciudad. Yo soy todo lo contrario al arquetipo del cartagenero “de bien”, yo creo en el desarrollo individual, en la capacidad de un solo hombre. La sola noción de guapearle a alguien solo cuando estoy con mis amigos, solo cuando me encuentro respaldado en números, me insulta, me empobrece. Yo me sentiría como una mierda de hacer algo similar a lo que hizo este turco conocido mío. Pero en Cartagena este tipo de comportamientos es “standard procedure”. En Cartagena tú no te metes con un individuo, te metes con un bonche, con una manada.

Y esa es la “gente bien” de la ciudad. Ya se pueden ustedes imaginar, entonces, porque Cartagena está vuelta mierda. Cuando su estamento social se comporta así, apaga y vámonos, ahí ya no hay mucho por hacer para rescatar a una ciudad.

Ustedes se estarán preguntando, luego de esta anécdota, ¿qué cojones tiene que ver esta historia con Petro y por qué la he contado?

Pues bien, aquí les va la respuesta: he contado esta historia de mi juventud en Cartagena porque mi Cartagena, la Cartagena pudiente y de clase alta, PIENSA IGUAL AL URIBISMO. Esa es, entre otras cosas, la razón por la cual tantos de mis ex-amigos y conocidos de Cartagena son uribistas. Un cartagenero de Bocagrande o Castillo Grande, uno de esos que anda en bonche pa’ todas partes, uno de eso manes que solo piensa en ir a las Islas del Rosario los fines de semana y organizar paseos a fincas de las cercanías, es EL EPÍTOME DEL CEREBRO URIBISTA. Un ejemplo excelso de lo que digo es “La Mandril” Arango, la contraparte femenina de este turco conocido mío que daba palizas a cachacos indefensos en la lomita del Club Cartagena.

El uribista es un animal oportunista, un ser bajo y calculador. Ese cuento del “honor” de Uribe es mierda, Uribe no tiene honor ni nunca lo ha tenido. Él lo que es un hijueputa narco-traqueto oportunista que tomó ventaja de las situaciones que se le presentaron. Con poder, va y comete un genocidio con impunidad. Con poder, va y se le mete en el cuarto a una mujer indefensa y la viola sabiendo que la mujer no va a decir nada; con poder y ventaja, va y persigue opositores, los chuza, y si puede, los mata, aprovechándose de su ventaja en números y equipo. Este exterminio de líderes comunitarios que vemos hoy en Colombia es un puro delito “cartagenero”. Aprovecharse de la ventaja de un Ejército gigantesco, una policía gigantesca, para masacrar uno por uno a los opositores ideológicos de un gobierno, es lo mismo que hizo este turco cartagenero cuando condujo a ese pobre cachaco ofendido a la lomita de Club Cartagena. En pocas palabras, ¡los uribistas son HIENAS, AL IGUAL QUE LOS CARTAGENEROS!

Eso lo debió haber sabido Petro cuando se le acercaron hace dos meses a sobarle la chaqueta. Petro tendría que haber sabido, después de casi 20 años en los que lo han perseguido, lo han chuzado, y lo han acosado de todas las formas posibles, que está tratando con unas hienas. Un uribista, al igual que un cartagenero (o cualquier otro costeño de las Sabanas de Bolívar, Sucre y Córdoba), solo ataca cuando tiene una enorme ventaja. Uno a uno, un cartagenero no guapea a nadie. Un uribista, solo, es un güevón, un cobarde, un moco en la pared. Pero con poder y ventaja, es una hiena, una bestia carroñera.

Ahora, como Colombia ha salido más o menos bien librada del Coronavirus por razones que no tienen nada que ver con las políticas de Duque (ese cuento lo echo mañana), entonces el uribismo carroñero, el uribismo ventajoso y oportunista, está saliendo de debajo de las piedras con su vieja agresividad y su comportamiento característico. Ya volvió a hablar La Mandril Arango. Después de 3 meses escondida a causa de las cagadas que se mandó al principio de la pandemia, ya ha salido otra vez de su escondite para decir sus barbaridades. Ya volvió a hablar la Cabal, y como de costumbre, dijo sus tres estupideces de siempre. Ya volvió a hablar Varito, quien llevaba 3 meses escondido temeroso de que el Coronavirus se lo llevara. No solo salió de su escondite, sino que salió disparando y ya demandó a Roy Barreras por no sé qué cojones. Ya salió Abelardo, que como monteriano, tiene un cerebro oportunista exactamente igual al de los cartageneros de mi anécdota anterior. Y ya salió la Vice Ramírez, quien, como de costumbre, soltó una de sus perlas y llamó a la gente que no tiene ni con qué comer “atenidos”.

¿Ahora se da cuenta Petro del error garrafal que supuso ser blando con esos hijueputas hace 2 meses, cuando empezaba la pandemia? ¿Ya entiende Petro por qué uno no puede dejarse sobar la chaqueta de esos hijueputas? ¿Ya entiende Petro por qué uno no puede apoyar a un gobierno de estos en lo más mínimo? Cuando Petro apoyó a Duque, después de que este usará los fondos de pensiones de los maestros para contrarrestar los efectos de la pandemia, a Petro lo estaban utilizando para que no fomentara una revuelta, una revuelta que estaba a punto de estallar. Pero no estalló, y ahora tenemos un uribismo embravuconado que siente que está saliendo fortalecido de esta crisis.

Petro los ayudó, los apoyó durante la crisis, y ahora estos hijueputas se están poniendo de nuevo el disfraz de hienas, algo que nunca han dejado de ser.
Dentro de poco comienzan de nuevo a atacarlo, y Petro se va a sentar en el sillón de su casa y va a pensar: “¡qué güevón que fui!, nunca debí ayudar a estas hienas”, y tendrá toda la razón en auto-llamarse güevón, porque eso es lo que ha sido.

Ya incluso Duque está reforzando el ESMAD para tener con que neutralizar las revueltas que se le vienen. Petro los ayudó durante la crisis, y ellos reforzaron el Esmad, le dieron plata a los bancos, y se robaron los mercados de ayuda para los pobres. Así es como te paga un uribista la ayuda que tú le das.

Cuando próximamente salga una portada de Semana atacando a Petro, el fénix de Ciénaga de Oro se va a dar cuenta de que es un güevón, de que uno no transa con hienas, y se va a dar cuenta de que todavía le falta “maña” para tratar con estas lagartijas.

Les voy a contar otra historia de mi juventud en Cartagena. Cuando yo tenía como 20 años tenía una novia que estudiaba en la universidad en Bogotá, mientras yo vivía y estudiaba en Cartagena. Un día, un cartagenero de estos “de bien” vivo, parlador, aprovechándose de la distancia de nuestro noviazgo invitó a salir a mi novia en Bogotá. Esa misma noche ella me llamó y me contó el suceso, dizque arrepentida por lo que había hecho. Yo me emputé, como se podrán imaginar, y obligué al hijueputa a que me llamara y me pidiera perdón por haberse metido con mi novia en mi ausencia. El man me llamó, pero la conversación terminó mal y terminamos insultándonos. El man era más grande que yo y más viejo que yo, y, ciertamente, tenía más contactos en Cartagena que yo. Yo estaba en desventaja, pues yo no había crecido en la ciudad, sino en Barranquilla, y no hacia parte de esa rosca cartagenera en la que se apoyan unos a otros. Otro man hubiera dejado las vainas así y hubiera metido a su novia en cintura para que no andará por ahí de “resbalosa”, pero yo no tengo ese espíritu estoico. ¿Saben que hice? Invite a salir a la hermana del que se había metido con mi novia en Bogotá, que por ese entonces estudiaba en Cartagena.

¡Santo remedio! Cuando ese man se enteró que yo estaba sonsacando a su hermana como venganza por él haberse metido con mi novia, casi se vuelve loco. ¡Mas nunca nadie en Cartagena se volvió a meter con mi novia, y mi novia se tuvo que tragar el sapo de que yo saliera con otra vieja en Cartagena, pues ella era la que había dado origen a la cagada en primer lugar.
Así es como se trata a los cartageneros, así es como se responde. A las hienas se les da con un palo, es la única manera como entienden. Los cartageneros y los uribistas son animales primitivos, solo entiende con actos de fuerza o poder explícitos, y en este caso, yo tenía el poder de seducir a la hermana del que me quería cajonera a mi novia. En otras palabras, ese era mi “palo”.

La próxima vez que el uribismo este caído, Petro no puede tener compasión con ellos, que saque un palo y les dé duro.

Los reptiles sólo entienden con palo….

*Las opiniones expresadas en este documento no han sido sometidas a revisión editorial, son de la exclusiva responsabilidad de los autores y pueden diferir con las del The Cartagena Post.

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