Los muertos invisibles

Un nuevo muerto en Cartagena por la violencia que azota a la ciudad, se llama Carlos Manjarrez, era médico y la ciudad lo llora. Como lo hacen siempre – ya parece que tienen un formato estándar- sacan en El Universal la típica noticia de corte dramático donde nos cuentan la vida del médico asesinado, a qué se dedicaba, todo lo bueno que hacía, su familia,  su futuro y sus sueños.  Le cuentan al lector, todo eso que hace que a la gente se le mueva el corazón.

Por otro lado, están las páginas “informativas” de Facebook y las cuentas de Instagram de » medios» independientes donde está el otro lado de la moneda, hacen el despliegue sensiblero y también el siniestro ¿Fue un robo? ¿Estaría en pasos raros? ¿Asesinaron al equivocado? ¿Ajuste de cuentas? Empiezan a especular, suponer, lanzar hipótesis que mueven el morbo del espectador. Cruzan esa línea que da pie para que se cuestione la honra del difunto ¿Con qué derecho ponen en tela de juicio a las personas asesinadas? ¿Quién les da derecho a lanzar hipótesis sobre su muerte? Nadie. Ni siquiera respetan a la familia, además de tener que afrontar una muerte,  deben sortear la caldera de chismes que se forma en redes sociales.

Eso no es periodismo, periodismo ético, ni lo que hace El Universal ni lo que hacen las páginas de Facebook. Para mí no es periodismo hacer noticias donde nos cuentan las alegrías, los proyectos y familia del joven, para «tocar las fibras». Eso es morbo, y amarillismo al mismo nivel del que publica las hipótesis de la muerte.

Lo más triste de este caso es que desde la misma alcaldía fomentan esto, cuando dicen no fue un atraco, en aras de justificarse, para decir que no es por la violencia de la ciudad, como si excusaran la muerte para lavarse las manos de la inseguridad que agobia a Cartagena.

Pero,  lo más triste de todo esto es la sociedad cartagenera,  hay muertos que duelen y que importan, hay otros que forman parte del paisaje, son invisibles y nadie los lamenta en redes sociales. Estos muertos «invisibles» salen en sucesos,  son un titular más, a estos no les sacan noticias sensibleras, no son médicos ni viven en barrios de estrato cuatro en adelante.

Y con esto no estoy menospreciando el asesinato del joven médico, ni más faltaba. Pero su muerte debería importar y doler igual que la de los otros seis asesinados en actos violentos, que ya lleva el mes de septiembre. Algunos de ellos:

  • Miércoles 8 de septiembre, asesinaron a Gerson Javier Triviño, en la avenida Pedro Romero.

  • Domingo 11 de septiembre asesinaron a dos personas: Carlos Mario Quiceno Martínez de 25 años, en el barrio Nuevo Bosque y Roberto Cabeza Brut de 31 años, asesinado en el barrio Bellavista.

  • Lunes 13 de septiembre, asesinaron a Charlis Antonio Muñiz Valdés de 26 años, en el barrio La Candelaria

  • Miércoles 15 de septiembre, asesinaron a Carlos Manjarrez de 28 años, en el barrio El Country.

De acuerdo al El Universal, en lo que va corrido del 2021 ya van 47 personas asesinadas en hechos de sicariato. De las cuales, siete personas fueron asesinadas en hechos violentos en lo que va de septiembre, cuatro personas por sicariato, dos en hechos confusos (según El Universal) y una en riña.

No sé cuantos heridos en hechos violentos ni cuantos atracados lleva septiembre, pero ya deben ser más de una decena. Esas estadísticas las lleva la policía y medicina legal, no están a la mano. No todos los muertos,  atracados y heridos salen en sucesos y en las páginas informativas de Facebook e Instagram.

Curiosamente, sobre Charlis, Carlos Quinceno, Roberto y Gerson no hay despliegue mediático, no se reportan en los medios los capturados (si es que los hay), no publican noticias exclusivas con hipótesis ni líneas de investigación, no hay noticias sensibleras sobre la vida, sueños, futuro y familia de ninguno de ellos.

Cartagena tiene una sociedad hipócrita, cuando el muerto es de un barrio pobre, de una comunidad vulnerable, ese no importa,  «quizás se lo busco«, «atracador o pandillero«, “quien sabe en qué lio estaba metido”. No hay alcalde ni jefe de la policía dando declaraciones sobre lo sucedido. Los muertos sin estudios y que sean un ciudadano de a pie, normalito, del que no puedan obtener morbo, esos no merecen un titular en el periódico de la ciudad, un titular más allá del reporte de su muerte.

La violencia devora la ciudad, el alcalde y el secretario del interior se justifican con todas las pendejadas que se les ocurre. Son intentos de justificación, porque lo evidente no se puede ocultar, más aún cuando crece como una bola de nieve que golpea a los ciudadanos. David Munera es como un ente, inmóvil, sin soluciones ante la ola de violencia que agobia a la ciudad, que día a día empeora. “La inseguridad es una percepción de redes sociales”, una exageración”, comentan algunas personas de la alcaldía en las conversaciones informales, pero esos comentarios son lo que realmente tienen en la cabeza las personas que dirigen la ciudad, con esas ideas justifican su ineptitud y fingen el síndrome de Shakira (ciegos, locos y sordomudos).

En Cartagena no pasa nada… eso dicen… mientras sigan muriendo los pobres y vulnerables,  los invisibles, que no merecen despliegue mediático, esos que hacen parte del paisaje violento de la ciudad. Así como Alexandrith Sarmiento, la niña que lleva seis meses de desaparecida, sin resultados contundentes, con el sospechoso libre. Es que Alexandrith es de un corregimiento vulnerable de la ciudad ¿Cómo sería la historia si la desparecida fuera una niña de estrato 5 o 6? ¿Pedirían 20 millones de recompensa por su paradero? ¿El sospechoso estaría suelto? ¿Ya habrían capturados?

Por cierto, el 12 de septiembre dos hombres con machete intentaron atracar a dos personas que iban en moto, lograron herir al parrillero. Se atraviesan en la mitad de la carretera a darle ‘rulazos’ a las motos que pasen. Así está la delincuencia en Cartagena, descarda e insólita.

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