ANGELICEMOS

A través de la historia el 1 de noviembre se institucionalizó por el papa Gregorio III como el día de todos los santos,  celebración ya difundida que muchos han contextualizado en el accionar religioso que pretende  neutralizar cambios mentales y espirituales  desencadenados por una festividad ajena con el calificativo de origen satánico, y con enmascaramiento como es el día de las brujitas o Halloween.

César Pión. Concejal del Distrito de Cartagena de Indias. Bacteriologo, magíster en Dirección de Empresas Turísticas, especialista en Gerencia en Salud y estudios superiores en Administración Pública y Planeación.

Sin embargo el inicio del penúltimo mes en el año, se fue adaptando a costumbres propias de cada región y en nuestra Cartagena se enmarca la celebración con el andar inocente del ángeles somos,  “Ángeles somos del cielo venimos”  en ese estribillo te comparte su origen. Te dice que desciende de lo que para el ser humano podría ser el cielo, escenario donde se fabrican las estrellas y las luces de la humanidad, escenario a donde viajan las almas al encuentro con el divino creador; nos señala que hay una ciudad sumida en la pobreza, que hay niños corriendo fuera de los planteles educativos, muchos muriendo y mal formándose  en la desnutrición, niños abusados sexualmente, abusados en la fuerza laboral y hoy utilizados como señuelos y escudos en los semáforos para recaudar recursos de subsistencia.

“Ángeles somos y del cielo venimos pidiendo limosnas para nosotros mismos”, con esta frase la pureza del niño despojada de odio, interés y colmada de inocencia nos está pidiendo a gritos que construyamos una Cartagena distinta que no remolinemos solo en lo público, que nuestro corazón se apertura, apadrinemos causa dando de nosotros sin pensar en sí, y que no cerremos nuestras puertas amparados en la obligación pública.

Ángeles somos, nos está diciendo que no son responsables de estar en este mundo indefensos y excluidos, están llamando nuestra atención, nuestro apoyo, ese que se fuga en la excusa de la corrupción y derrocha en vestidos, comidas, festines y licores, una oportunidad de darle la mano al hermano. Si solo usáramos un 10% de lo que gastamos en nuestros viajes y comilonas mensuales, recuperaríamos la sonrisa, formaríamos nuevos ciudadanos, transformaríamos la sociedad.

“Ángeles somos”, fiesta en donde todos los 1 de noviembre los niños y niñas ambientados por la imaginación y carentes de los disfraces del día” se “arman” con palos, ollas, tapas y cualquier otro elemento sonoro tomándose las callecitas de sus barrios para cantar los estribillos. “Ángeles somos, del cielo venimos pidiendo limosna pa` nosotros mismos” “No te escapes, no te escapes, saca el bollo del escaparate”, “no te rías, no te rías, que la mochila está vacía”.  Y mientras, sin la métrica y la tonalidad que se despachan las voces conquistantes, abren sus bolsas para recibir un detalle que podríamos sopesar en un acto de reflexión, si eso es un aporte suficiente por la niñez de nuestra ciudad.

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