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Psicología, Economía y Política (II)

En la entrega anterior de esta columna, se inició el tratamiento del tema de  comportamiento en la vida social de estos tres referidos elementos. Se destacó la  necesidad de la interdisciplinariedad entre los economistas y los psicólogos. Quedando como consecuencia, inicialmente, necesario, lo de que  trabajen conjuntamente estas dos  disciplinas. Ninguna de las dos, puede excluir a la otra.

Alfredo Oliveros. Egresado como Contador Público de: Universidad de la Rep. del Uruguay y Universidad de Buenos Aires (Argentina). Máster en Economía Internacional de la Universidad de Belgrano (Argentina). Docente en Economía en distintas Universidades de América Latina. Contratado como asesor por distintos Gobiernos de América y asesor de distintos programas del BID (Banco Interamericano de Desarrollo)

Se toman decisiones de: comprar, ahorrar, invertir, curar, vender, etc. En las siguientes consideraciones se examinarán, mediante un ejemplo, como se generan diferentes conductas económicas, y que serán tomadas dentro de un contexto socio-político particular, y con un efecto sobre prácticas sociales.

Por ejemplo, decidir o no de invertir en, se hará teniendo en cuenta la posible situación del mercado, no solo por la política del gobierno en ejercicio, sino más bien en función de la situación política y económica de una manera muy global. Pero a vía de ejemplo, se harán los siguientes comentarios en función de un solo hecho, como puede ser el del “retiro laboral”. Es un tema preocupante en muchas sociedades.

La generación de los nacidos después de los años 60, están comenzando a  llegar a la edad del retiro (jubilación, pensión u otra forma).La natalidad durante este periodo ha disminuido. Como consecuencia, el desequilibrio en la pirámide de las edades se ha ampliado y continúa haciéndolo cada vez más. La esperanza de vida se acrecentó cada año gracias al progreso de la medicina y a mejoras en las condiciones de vida. En algunos países (como Francia) los aportes a la contribución para la vejez representan 13% del PIB del País. Es el primer desembolso social, delante del de salud y el paro laboral. Pero además un retirado espera vivir más de 20 años, luego de su detención laboral. Cuando hasta ahora era de 10 a 15 años. Lo que aumenta mecánicamente la cantidad de inactivos por cada activo. Eso significa una presión en la disminución de los puestos de trabajos disponibles, para aumentar la ocupación de la masa buscando el trabajo. Que también genera otro problema, la disputa por ocupar cada puesto de trabajo por parte de los que no lo tienen. Como, por ejemplo: ocupación femenina o recién egresados de formaciones técnicas.

La polémica y la inquietud que giran alrededor del concepto de retiro concierne a toda la población. Los principios de seguridad, de igualdad y de solidaridad dictadas por la necesidad demográfica y las necesidades de financiamiento de los retiros, llevan necesariamente a las modificaciones. Los debates entre los financiamientos por reparto o por capitalización, activa las diferencias entre los sostenedores del Estado Providencia y los de la Responsabilidad social en la vejez. Los aportes, en el pasado, vinculados a la experiencia y a la sabiduría, en los que la existía una disponibilidad (cuidado y orientación de niños preferentemente), que se les atribuían en el pasado, tienden a desaparecer. Los retiros laborales hoy, no son solamente de la vida activa, sino también en procesos de ayuda de formación, fortaleciendo los vínculos familiares. Esto se podrá agudizar con el progreso de los cambios, que sean tecnológicos

(Se ha usado material de Cristine Roland-Levy et Dominique Lassarre “Psychologie, économie et polirique »)

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