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Mezcla con menos cemento mejora calidad del concreto

Usar menos cemento en las construcciones, pero con una mejor calidad, es lo que permite el “procedimiento manual para mezclas de concreto mediante suspensión mecánica”.

Con el desarrollo “se observa que con una nueva metodología de mezclado, sin necesidad de equipos especializados ni aditivos, se logra una mejor microestructura del material cuando endurece”, afirma Carlos Mauricio Bedoya, profesor de la Escuela de Construcción de la U.N. Sede Medellín, quien realizó la investigación al respecto.

El docente, quien también modificó el llamado cono de Abrams –utilizado para las pruebas de mezclas de concreto en las construcciones, con el mismo fin de ahorrar material– manifestó que aún no puede dar todos los detalles del nuevo procedimiento, debido a que el modelo está en proceso de patente ante la Superintendencia de Industria y Comercio.

Sin embargo precisó que para lograr el resultado se hicieron las pruebas habituales de la mezcla de concreto, tales como las de asentamiento y resistencia a las fuerzas de compresión, además de ensayos de durabilidad, poco realizados en el medio a pesar de su gran importancia.

Destaca que la pertinencia de este último ensayo radica en que, por ejemplo, un concreto a los 28 días puede tener una muy buena resistencia, pero ante ambientes que están cada vez más contaminados se puede reducir su vida útil.

En el proceso de perfeccionar el procedimiento también se incluyeron pruebas de absorción, porosidad y microscopía electrónica de barrido, que consiste en hacer cortes pequeños del material y someterlo a análisis.

La investigación se adelantó teniendo en cuenta que con el método manual tradicional –común en los andenes o en las calles barriales– se utiliza gran cantidad de cemento, pero la mezcla tiene menos desempeño en resistencia y durabilidad. En ese sentido, el investigador destaca que “los que más consumen concreto no son las grandes fábricas, sino los barrios”.

Según el académico, el método tradicional se ha aplicado durante más de ocho décadas, y buscando su mejoramiento el paso inicial fue tratar de entender qué función desempeña cada componente en una mezcla de concreto.

“Comencé a analizar cómo encontrar otra metodología en la cual le pudiéramos sacar el mayor provecho a cada uno de los componentes y eso implica un asunto de cambio cultural, incluso en la mano de obra”, asegura.

“Es normal que eso pase en construcción, en ingeniería, pues al ser humano le asusta el cambio”, continúa. Agrega que aunque “aquí lo vemos muy susceptible de subsanar, porque se trataría de hacer aliados con el Sena, las secretarías de obras públicas y las comunidades, a quienes debe llegar este conocimiento”.

Esa es la intención a futuro, con el fin de que la gente utilice menos cemento y que las construcciones queden mejor elaboradas, con mejores condiciones de resistencia y durabilidad.

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