Cruceros en la región de Burdeos: Mucha agua y mucho vino
Por Andreas Drouve (dpa)
El capitán Bruno Coudert se sienta relajado en su lugar de trabajo, el puente de su barco de cruceros fluviales, donde casi nadie habla y se pueden ver los prados, árboles y pueblos pasar en silencio mientras surca los ríos Garona y Dordoña, en la región de Francia que tiene como epicentro la ciudad de Burdeos.

La velocidad de crucero es constante, unos 17 km/h. “Me gusta, no hay estrés”, dice Coudert, quien a los 51 años ya lleva casi 200 viajes desde Burdeos hasta el delta de la Gironda, junto a la costa atlántica del suroeste francés. Un viaje fluvial a través de una de las regiones vinícolas más famosas del mundo.
Día 1: Bienvenidos a bordo
El “Cyrano de Bergerac” tiene 110 metros de eslora y ni es lujoso ni hay actividades ruidosas a bordo. El pasaje está formado mayoritariamente por sexagenarios. La cena de bienvenida es enmarcada por las luces de Burdeos. El barco se encuentra detrás del paseo junto al Garona, no lejos de las mansiones del barrio de los comerciantes de vino Chartrons y del puente Jacques Chaban-Delmas.

Día 2: De Burdeos a Blaye
El amanecer ilumina el marrón fangoso del río, mientras el barco zarpa. Grúas de carga, almacenes, cargueros en los muelles: así es como se ve el paisaje en las afueras de Burdeos, que pronto se tiñe de verde. El Garona se une al Dordoña para dar forma al delta de la Gironda, que alberga el mayor estuario de Europa.
Una gran figura de una botella de vino a la entrada del puerto de Pauillac recuerda el espíritu de la región. Los viñedos comienzan justo en la linde del pueblo. Aquí los visitantes son recibidos amistosamente. La iglesia, como miles en Francia, está consagrada a San Martín. Los postigos de madera de las casas se ven desgastados por los estragos del clima marino.
La cata de vino en una de las fincas de la zona desilusiona, ya que el vino apenas cubre el fondo del vaso. Y en estas condiciones, el mundialmente famoso vino de Burdeos parece estar sobrevalorado.
Con la luz del atardecer, el “Cyrano de Bergerac” navega hacia la orilla opuesta, hacia Blaye, en la que la ciudadela diseñada por el ingeniero Sébastien Le Prestre de Vauban todavía parece defender el delta.
Cuando llega la cena, los platos representan fielmente la gastronomía local, con un buen filete de cerdo y crème brûlée, regado con un poco de vino.
Día 3: Siempre hacia el delta
Claire Roger dice que vive en un museo al aire libre desde hace 35 años, ya que es uno de los cuatro residentes permanentes de la ciudadela de Blaye, un conglomerado de muros, torres, fosos, pasillos y callejuelas. La zona es de libre acceso, hay un hotel y en verano abre un camping.

Madame Roger, de 62 años, tiene su estudio de cerámica en casa. Sus trabajos tienen como clientes a galeristas, no a visitantes ocasionales. Un objeto decorativo que cuesta unos cientos de euros no es un típico souvenir.
Hacia el delta, las cabañas de pescadores alzadas sobre el agua contrastan con los viñedos del interior. El capitán Coudert se dirige hasta poco antes de Royan, donde la desembocadura tiene apenas doce metros de ancho.
“Las corrientes cambian constantemente”, dice. La nave se balancea ligeramente mientras se vislumbran acantilados blancos y deslumbrantes en la costa. Se nota la sal en el aire. Hacia el interior, espera el puerto de Bourg-sur-Gironde.
Día 4: Una “biblioteca de aromas”
Los graznidos de las gaviotas suenan como un aviso. Río arriba nos dirigimos a Libourne, punto de partida de las visitas a un buen número de bodegas en los alrededores de Saint-Émilion.
Allí, Perig Rousseau, de 40 años, se mantiene fiel a sus conocimientos sobre el alcohol. Regentaba el bar de un casino antes de reciclarse como sumiller. Ahora le gusta mostrar la zona a los visitantes. Dice dominar una “biblioteca de aromas”, y distingue la regaliz y el pomelo, el melocotón y la grosella.
Sin embargo, la lista de precios de las tiendas de vinos de Saint-Émilion puede convertir al amante de los vinos de calidad en abstemio. Algunas botellas llegan a costar miles de euros. Es uno de los pueblos más visitados del suroeste de Francia. El epicentro está bajo tierra: la iglesia excavada en la roca en el siglo XII.
Día 5: Estilo en la metrópoli del vino

Por la mañana, en Libourne, el Dordoña fluye en dirección contraria a la habitual, imagen que no se debe atribuir al consumo de vino de la tarde anterior, sino al efecto de las mareas. El océano entra con tal ímpetu en el delta de la Gironda, que las diferencias entre la marea alta y la baja se aprecian hasta una distancia de 150 kilómetros.
El destino del día es Burdeos, para dar un paseo junto al río o por el casco antiguo que rodea la catedral o por el barrio de Saint-Michel. Hace dos décadas, comenzó una reforma urbana que continúa sin cesar.
Lo más reciente es la Cité du Vin, el museo del vino, que se encuentra en un vanguardista edificio revestido de paneles de aluminio y placas de vidrio.
Día 6: Preciosos y dulces descubrimientos
Río arriba, el Garona se estrecha fuertemente. En Cadillac, el muelle está cerca del centro de la ciudad, donde su palacio renacentista atestigua la megalomanía del duque local. Merece la pena una excursión hasta el castillo de Roquetaillade, donde el recorrido interior permite apreciar salones repletos de candelabros, tapices, sillones y pinturas en el techo.
Los vinos blancos de Sauternes sacan a relucir su noble dulzura, mientras parece que el sol ilumina el interior de la botella. Las cosechas son reducidas, los tiempos de maduración largos, los precios y la mano de obra altos. Pero ya es hora de volver a Burdeos, el capitán nos hace apresurarnos.
Día 7: Adiós al río

Tras 320 kilómetros de vías fluviales, el destino es Burdeos, donde el capitán Coudert se permitirá la licencia de tomarse un vino después de una semana de abstinencia.
Información: Viajes fluviales desde Burdeos
Varios operadores ofrecen cruceros fluviales de seis o siete días desde y hasta Burdeos, incluyendo Croisi Europe con viajes para un público internacional. Los idiomas a bordo suelen ser el francés y el inglés. La época ideal es de abril a octubre.
Más información: Atout France-Oficina Nacional de Turismo de Francia, Apartado de Correos 10 01 28, 60001 Fráncfort (Tel.: 069/74 55 56, E-mail: info.de@france.fr, Web: de.france.fr/de).
dpa