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Víctimas del conflicto encuentran alternativa en residuos de plátano

En la Orinoquia, cerca de 90 familias de comunidades vulnerables, víctimas del conflicto armado, campesinos, indígenas y afrodescendientes, encuentran nuevas alternativas de sustento en los diversos usos que se le pueden dar a los residuos del plátano.

“Partes de la planta como el tallo y la cáscara, que eran desechados cuando llegaban al mercado, tienen múltiples usos”, precisa el profesor Óscar Eduardo Suárez Moreno, del Departamento de Ingeniería Industrial de la U.N. Sede Orinoquia, quien hace énfasis tanto en su potencial nutricional como en la posibilidad de darles un tratamiento para hacer papel de óptima calidad.

“Para elaborar el papel se pica muy fino el tronco del plátano y luego se licúa; la pasta resultante se dispone sobre marcos de madera, se adicionan dosis mínima de carboximetilcelulosa y el tono se aclara con hipoclorito”, explica el profesor Suárez, director del Grupo de Investigación Ciencias de la Orinoquia (Gico).

En este proceso se destacan las investigaciones que estudiantes de la U.N. adelantaron alrededor de la cáscara y la glucosa para darle un valor agregado a un racimo de plátano, cuyo precio se estima en cerca de tres dólares, de tal manera que les permita incrementar sus ganancias en forma considerable.

A estas innovaciones se suma la fabricación de tintes, envases y empaques multiusos a partir del tallo. Se trata de una producción cerrada y limpia que además reduce a cero la generación de desechos.

“Cuando el campesino recoge el fruto lo parte de la base y deja el tallo para que se descomponga y reincorpore al suelo, proceso lento puesto que se puede extender entre 60 y 90 días”, explica el docente.

Con los hilos extraídos del tallo del plátano se tejen bolsos y mochilas que dan cuenta de la versatilidad de la planta. Así mismo algunas asociaciones han experimentado con los residuos en la elaboración de todo tipo de figuras decorativas de aves y mamíferos propios de la región.

“Una artesana puede tardar hasta dos días tejiendo una mochila que luego se podrá vender en 50 dólares”, subraya el profesor Suárez, quien ha visto que colecciones de muñecas hechas con la fibra que se han vendido hasta en 30 dólares.

El potencial es tan grande que estudios realizados en laboratorios de la U.N. Sede Manizales han demostrado la gran resistencia de estas fibras, en especial de la variedad conocida entre la población como “plátano popocho”.

Tales razones han llevado a que el proyecto también contemple la capacitación en desarrollo de modelos de negocio, a partir de emprendimientos rurales, con el fin de mejorar aspectos relacionados con la producción y comercialización de productos que muestren la identidad del territorio.

Gracias a una investigación adelantada a partir de 2008 en los semilleros de investigación de la U.N. Sede Manizales, junto con el proyecto Peama de la Sede Orinoquia, con el fin de optimizar la producción de plátano, cacao y yuca, se adelantó una caracterización que para el primero de los casos derivó en una investigación de doctorado sobre fibras naturales y nuevos materiales, a cargo de Johana Rodríguez, estudiante que forma parte del Gico.

“A partir de allí encontramos que los artesanos del Quindío y del norte del Valle usaban el tallo de la planta para elaborar diversos productos”, prosigue el docente, quien también llama la atención sobre el uso que se hacía de la flor para preparar, por ejemplo, hamburguesas vegetarianas, por parte de comunidades campesinas de estas regiones.

El proceso ha sido tan exitoso que en la actualidad se lleva a cabo un proceso de formación de formadores para transferir conocimiento en otras 25 familias del departamento del Guaviare.

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