Medio Ambiente

Páramo Guacheneque debe preservarse de cultivos de papa y ganadería

La actividad agropecuaria y ganadera, liderada en gran parte por personas que habitan en Bogotá o en las áreas urbanas de los municipios circundantes, afecta los ciclos naturales de este ecosistema, que aporta el 30 % del agua que se consume en la capital del país.

“La solución a los conflictos ambientales implica, entonces, tomar decisiones puntuales y definir bien los límites de las zonas de reserva. En ese sentido, es importante que las corporaciones regionales hagan una presencia más eficaz”, explica Marcela Bernal Cuesta, magíster en Ordenamiento Urbano Regional de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.).

De las 10.000 hectáreas del páramo, el 45 % corresponde al área protegida; “sin embargo eso solo está en el papel”, sostiene la investigadora.

Los cultivos de papa y la ganadería implican que se arrasen los frailejones y otras plantas endémicas que funcionan como esponjas de agua: la absorben, la retienen, y poco a poco la van depositando en los diferentes niveles (alto, medio y bajo) de las cuencas.

En el páramo de Guacheneque, cuya jurisdicción corresponde a los departamentos de Cundinamarca y Boyacá, nace el río Bogotá (a 3.450 metros de altura), específicamente en la Laguna del Valle, en el municipio de Villapinzón.

El trabajo de las autoridades no debe dejar de lado a los actores principales: los campesinos. Para la magíster Bernal, “la solución no es decirles que abandonen sus tierras; es fundamental llegar a acuerdos con ellos, con el fin de indicarles hasta qué puntos pueden cultivar”.

“Incluso se pueden adoptar alternativas como los pagos por servicios y protección ambiental, los cuales servirían de estímulo para la población”, agrega la investigadora, quien trabajó con la dirección de la profesora María Patricia Rincón, de la Facultad de Artes.

Corredores ambientales

Una de las estrategias más eficaces que apuntan a la conservación del territorio corresponde a la consolidación de un corredor ecológico que incluso se podría pensar para el seguimiento y la preservación de otros páramos, como el de Guerrero o el de Chingaza, que aporta el 70 % del agua que se consume en Bogotá.

Mediante esta iniciativa se pueden identificar tanto las zonas que han preservado su condición como las que se han visto más afectadas, con el fin de reforestarlas.

La investigadora llegó a estas conclusiones después de varias visitas de campo a dicho páramo, donde observó la situación ambiental y habló con los campesinos.

Para ello se basó en un método de trabajo que se ha venido consolidando en la Maestría de Ordenamiento Urbano Regional y que considera diferentes escalas territoriales (desde los predios hasta una gran región) y temporales (análisis de la historia del páramo y su interacción con el hombre), sin dejar atrás el estudio de las condiciones sociales, políticas, económicas y culturales.

“A partir de esta metodología, pensamos seguir haciendo varias investigaciones que involucren el ordenamiento urbano y regional”, concluye la investigadora.

 

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