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Bogotá pierde el rumbo de su desarrollo urbanístico

La falta de continuidad en los programas del gobierno distrital y el cambio de planes sin una evaluación previa de los antecedentes ha hecho que la ciudad no encuentre una ruta que le permita crecer de manera más armoniosa.

“Hace años que en Bogotá se plantean preguntas sobre si debe ser más o menos densa, si debe tener una zona céntrica muy grande o varios centros pequeños; si tendría que extenderse o no”, señala el profesor José Salazar, quien formó parte del grupo fundador de la Maestría de Urbanismo de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.).

El docente, autor del libro Construir la ciudad moderna: superar el subdesarrollo. Enfoques de la planeación urbana en Bogotá (1950-2010), plantea la necesidad de entender “que en los últimos 50 años han existido varios modelos de planificación”.

“Para acometer soluciones reales en Bogotá es necesario lograr continuidad entre las sucesivas alcaldías, pues no es posible transformar la ciudad en cuatro años”, destaca el investigador, cuya obra fue presentada en la librería del Fondo de Cultura Económica.

Desde su mirada investigativa, tanto la década de los años sesenta –durante las alcaldías de Jorge Gaitán Cortés y Virgilio Barco– como la de los noventa –Mockus, Peñalosa, Mockus– constituyen los mejores y más lúcidos esfuerzos por reconocer sus problemas de la ciudad, transformarla y dotarla de los programas y proyectos adecuados para avanzar en su desarrollo.

Particularmente en el segundo periodo de la administración Mockus se hizo especial énfasis en “construir sobre lo construido”, tendencia contraria a la general, en la que cada gobernante que llega al Palacio Liévano borra la historia y quiere volver a comenzar todos los procesos.

Según el profesor Salazar, esta situación tiene como consecuencia que Bogotá esté condenada a repetir su historia una y otra vez, por la evidente falta de continuidad en la conformación de los equipos técnicos encargados de planear el futuro de la capital con independencia de los intereses políticos.

“Si se tiene proyectado hacer una troncal de Transmilenio por la Carrera Séptima, ojalá se esté pensando en que esa obra va a transformar no solo el espacio público, sino todo el espacio urbano”, comenta el docente.

Modelo de modelos

El profesor Salazar comenta que en la actualidad no se puede hablar simplemente de dos modelos contrapuestos –densificar o expandirse– puesto que ambas posturas tienen origen en planteamientos e ideas sobre la ciudad que implican cambios en varios aspectos del desarrollo urbano, como transporte, infraestructuras, formas de vida de las comunidades y tratamiento de barrios informales.

Para el académico carece de sentido afirmar que exista un solo modelo adecuado según el cual la ciudad pueda desarrollarse: “una urbe más densa contribuiría a mejorar las actuales condiciones de transporte, pero incrementar su densificación también puede traer otros problemas difíciles de solucionar”, sostiene.

“Bogotá se ha desarrollado con muy alta densidad y muy poca altura –salvo algunas excepciones, como una parte del norte y Chapinero–, de manera que las posibilidades de densificar se limitan a algunos barrios de los años cincuenta y sesenta que se hicieron con viviendas unifamiliares”, explica el docente.

Debido a que existen muchísimas zonas del centro y de la periferia que ya tienen densidades muy altas, cambiar casas por edificios no incrementaría mucho esta tendencia, y en cambio sí resultaría muy costoso, porque además de las construcciones es necesario adecuar la infraestructura de servicios y vías, además de construir parques, escuelas, centros de salud y demás equipamientos necesarios para la nueva población.

Barrios como El Chicó o Antiguo Country ya han pasado por este proceso, pero no se hicieron los ajustes necesarios para la nueva población, pues simplemente se cambió la normativa permitiendo mayores índices de construcción en altura, que generaron fenómenos de congestión y escasez en los servicios y dotaciones.

Si por ejemplo se lograra que los centros de empleos se trasladaran a las zonas en las que se concentra la mayor cantidad de viviendas, prosigue el docente, se solucionaría en buena medida el problema de transporte, porque los ciudadanos podrían desplazarse en bicicleta o a pie y, eventualmente, tomarían un vehículo para hacer trayectos cortos.

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