Yo, yo, yo: Cuando el narcisismo se vuelve enfermizo

Por Sabine Meuter (dpa)

Egoísta, engreído, enamorado de sí mismo. Esas son las palabras que utilizarían muchos para describir a un narcisista. Los narcisistas suelen necesitar ser el centro de atención, ser admirados, y lo necesitan de un modo casi compulsivo. Muchas veces ocupan posiciones de liderazgo, tienen un rendimiento sobresaliente y siempre están convencidos de sí mismos. Es decir, tener este tipo de personalidad no siempre es enfermizo.

”El narcisismo hasta cierto punto no es más que otro modo de denominar una búsqueda sana de autoestima”, apunta el psiquiatra y psicoterapeuta Claas-Hinrich Lammers, de Alemania.

Se habla, en cambio, de un trastorno narcisista cuando ese comportamiento genera un padecimiento tanto en el narcisista como en las personas que lo rodean.

Autoestima inestable

Los afectados suelen tener una autoestima demasiado alta y al mismo tiempo inestable e intentan compensarlo con una presentación exagerada y distorsionada de sí mismos. Tienden a sobreestimar sus habilidades y conquistas. “Elevan su autoestima teniendo pretensiones desmedidas”, explica Lammers.

Las personas con este tipo de trastorno se ponen por encima de otras, intentan dominarlas y controlarlas y menosprecian o desatienden los logros de otros. “Ese comportamiento deriva inevitablemente en conflictos”, dice Sabine Herpertz, directora de al Clínica de Psiquiatría General de la Universidad de Heidelberg.

Los narcisistas demuestran poca empatía y poco interés por otros. Si no se cumplen sus deseos, desatan una catarata de críticas. Si se ven ante un fracaso, se enojan, agreden o hacen comentarios que desvalorizan a los demás. “Sólo demuestran interés en otros si les sirven para alcanzar sus objetivos o si ven que generan admiración”, detalla Claas-Hinrich Lammers.

El dilema de los afectados

Lammers asegura que esto pone a los afectados frente a un dilema, porque si bien ellos no tienen ningún interés por otros, dependen totalmente de la atención y la admiración de los demás para estabilizar su autoestima.

Eso les genera un padecimiento. En primer lugar, por las tensiones y conflictos que viven con los demás, y en segundo lugar por el abismo que se abre, cada vez más, entre la realidad, por un lado, y sus pretensiones e idealización de sí mismos, por otro. Si los afectados de pronto son confrontados consigo mismos o dejados de lado, pueden caer en una crisis existencial.

Los afectados casi nunca son conscientes de su enfermadad

”Uno de los grandes problemas es que quienes padecen trastorno narcisista no suelen ser muy conscientes de su problema”, asegura Herpertz. Quien tiene este trastorno de personalidad suele iniciar una terapia sólo por enfermedades derivadas, como la depresión, los trastornos alimenticios o por una adicción.

Desafíos de la terapia

El inicio de la terapia puede ser difícil. “Los terapeutas suelen necesitar bastante tiempo para poder acercarse al paciente”, señala Lammers Los narcisistas enfermizos suelen tratarlos como a las demás personas de su entorno, es decir, se esfuerzan en demostrar que son superiores desvalorizando a quien tienen enfrente.

Por eso el terapeuta debe lograr que el paciente se abra y confíe. ”Los afectados suelen tener dificultad en reflexionar de un modo crítico sobre sí mismos”, explica Herpertz, no suelen ser conscientes de lo enrevesado que es su comportamiento y lo difícil que son sus tratos para otros.

Pero la terapia no sólo debe apuntar a que el narcisista pueda ponerse en los zapatos del otro. También debería incorporar estrategias de comportamiento para poder manejarse mejor con los demás. A una persona que tiene pretensiones demasiado altas y se sobreexige se la puede ayudar dándole objetivos alcanzables y posibles.

El psiquiatra Lammers pone como ejemplo a un hombre que trabaja mucho más de lo necesario y hace permanentemente horas extra. “En la terapia resulta que el hombre trabajaba tanto porque fuera de eso no tenía nada que le interesara realmente.” En ese caso la terapia ayudó a que el paciente buscara actividades alternativas a su trabajo, actividades que desde su perspectiva tuvieran sentido, como ser un hobby.

Muchos buscan contención

En líneas generales, las terapias intentan detectar qué es lo que le está faltando a cada paciente. En muchos casos la idealización de sí
mismo y el trato despectivo hacia otras personas “no es más que una compensación”. Muchos sólo tienen una gran necesidad de pertenencia y contención.

Allí es donde puede indicársele al afectado una serie de soluciones posibles. “En muchos casos tiene sentido que los familiares sean partícipes de la terapia”, opina Herpertz. Los familiares deberían aprender a formular sus propios intereses a lo largo del tratamiento sin tratar de un modo despectivo a quien padece trastornos narcisistas.

¿Puede curarse un trastorno así? ”Uno no puede cambiar a una persona”, dice Lammers, que asegura que el objetivo de una terapia consiste, más bien, en arrojar luz y generar cambios en los modos de comportamiento y de pensamiento extremos. “Eso permite que el
paciente mejore su calidad de vida y reduzca su sufrimiento”, dice Lammers. Tanto para él como para quienes lo rodean.

dpa

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