Nuestra continuidad está en riesgo

Leyendo un libro de Anthony de Mello encontré en una lectura algo me llamó profundamente la atención y me hizo reflexionar en estos momentos tan difíciles para toda la humanidad. Y de tanta oscuridad y caos, donde nuestra continuidad está en un gran riesgo. Pero a pesar de esto, muchos seres no hemos modificado en ningún momento nuestro pensamiento ni nuestra forma de actuar.

Cifras alarmantes de atracos, violencia de todo género, abusos, asesinatos, robos, secuestros y otras cosas más. Que dejan al descubierto el egoísmo y un mundo con personas incapaces de reflexionar. Hasta donde hemos llegado, ni siquiera la pandemia toca los corazones de muchas personas que siguen actuando así, si ningún temor.

El mundo está ardiendo con la Covid-19, desde nuestra perspectiva queremos ignorarlo, nos negamos a aceptar una realidad latente y peligrosa, que es el contagio. Hay más de 11 millones de personas, en 6 meses, contagiadas en todo el mundo y más de un millón de personas muertas aunque las estadísticas no lo digan, así tratamos de ocultar la verdad, como si haciendo esto pudiéramos detener el virus. Es un calculo bastante grande, y las muertes son superiores a las anunciadas por los periódicos y los países. Estamos en guerra con un enemigo invisible (es como si hubiera un campo minado y saliéramos a caminar por el ¿Qué ocurriría?.

Buscamos miles de excusas para rechazarlo, incentivamos a las personas a salir, a pasear, a viajar y a hacer muchas cosas más. Lo hacen a través de los periódicos, los gobernantes, nuestros amigos, sin ninguna sensatez. Nos aseguran protección si nos enfermamos, hay camas disponibles para que te cures o te mueras, eso no importa.

El dinero y el consumismo es lo más importante, así desafiamos el destino individual de cada ser, que puede contagiarse, depende de muchos factores de riesgo que cada uno tenga. Como si el precio de la vida, no valiera. Es como si nos fuéramos para el mar lleno de tiburones y nos lanzáramos hacia el sin medir las consecuencias, que son fatales para algunos.

Tal vez sólo para los espectadores que ven desde lejos, pueden observar la masacre sin importarles. Como el Día sin IVA, la gente se lanzó a las calles, para los centros comerciales, enloquecidas tras un televisor, un computador y aparatos eléctricos. Como si el mundo se fuera a acabar si no se obtiene alguno.

Tanta imprudencia y tanto desacierto hasta de los gobernantes, como sino temieran perder la vida por un 19% de un IVA ¿Vale la pena por estas cosas tan irrisorias perder la vida? Nada te llevas, todo se queda aquí, tus seres queridos, tu familia, tus hijos ¿Valió la pena?

Cuántos de estos compradores ya están muertos o en hospitales, esas son las historias que no cuentan los periódicos ni los noticieros. Dónde están los derechos humanos protegiendo de este canibalismo del consumismo y las demás organizaciones que luchan, supuestamente, por la humanidad ¿Dónde están?

Hay cantidad de gente haciendo propaganda, donde dicen que esto no es nada, que debemos acostumbrarnos, que la cuarentena no sirve, pero la cuarentena sirve para que el virus desaparezca, porque nosotros no le damos alimento con nuestro cuerpo y si no hay contagiados el virus se muere. Eso es un estudio realizado por muchos científicos en el mundo. Porque nosotros somos el medio transmisor, si nosotros estamos en casa no nos lo pueden transmitir y nosotros no lo podemos reproducir.

Porque nosotros no somos ni un programa ni un proyecto ni ningún edificio ni maquinas modernas, somos seres humanos con capacidad suficiente para pensar y actuar por nuestro propio criterio. Sin dejarnos influenciar por nadie, debemos ser más espirituales, creer en Dios en la forma que cada uno lo conciba.

Les dejo, para su reflexión una parte de la lectura de Antony de Mello:

“¿Somos escapistas?

La casa está ardiendo. Pero, desdichadamente, muchos de nosotros (tal vez demasiados) no nos sentimos motivados para tratar de apagar el fuego y preferimos ocuparnos de nuestro pequeño mundo y de nuestras pequeñas vidas. Demasiados de nosotros estamos excesivamente ciegos, para ver el fuego, porque sólo vemos lo que nos conviene y, aun suponiendo que tuviéramos la suficiente motivación y la suficiente vista, muchos de nosotros carecemos de la suficiente energía para combatir el fuego sin desmayar; carecemos de la suficiente sabiduría y capacidad de reflexión para dar con los mejores y más eficaces medios que nos permitan apagar el fuego.

Pero es que, además de todo ello, hay demasiado egoísmo en la manera de abordar la tarea, un egoísmo que nos hace interferir y estorbarnos unos a otros, a pesar de nuestras buenas intenciones. Es algo a lo que nuestra pobre naturaleza humana le es muy difícil en este mundo moderno, no podemos esperar, no podemos parar quietos. Estamos excesivamente desasosegados, excesivamente impacientes, tenemos que estar moviéndonos constantemente.

Pero resulta que debemos esperar y por eso esperamos y esperamos, sin que nada suceda (o mejor sin que nuestra tosca visión espiritual sea capaz de percibir nada)”

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