“Evangelizando” a los uribistas

Ha sido muy criticada la decisión de Gustavo Petro de concederle una entrevista a Vicky Dávila. Dicen en redes, YouTube y blogs que debió concederla a un medio de comunicación independiente y no a un espacio tan poco ético como el de Semana con Dávila.

“Petro cometió un error”, es la frase que más he leído, algunos lanzan hipótesis sobre por qué aceptó la entrevista, la conclusión es: para tener una portada en Semana, dando a entender que el senador tomó esa decisión para alimentar su ego. Pero no estoy de acuerdo con que haya sido una equivocación la entrevista que Petro le concedió a la hiena de Vicky Dávila. Ni mucho menos que el motivante para conceder esa entrevista sea salir en una portada de semana.

Gustavo Petro es un hombre brillante, estratega y muy aterrizado, él sabe perfectamente que la palabra pasquín queda pequeña para describir lo que es Semana.

No son tiempos para quedarnos callados, eso se lo leí al columnista Felipe A. Priast. Y eso lo tiene claro Petro. No se pueden desaprovechar espacios para llegar a los colombianos que están en la oscuridad y negación. Estamos en un tiempo de sumar,  de traer hacia nosotros a esos colombianos que aún no comprenden lo que ocurre, lo que tenemos que hacer – literalmente – es rescatar uribistas, evangelizar a los tibios y los que no votan, seguir animando a los que ya conocemos el camino que debe tomar Colombia para volver a ser un país digno, ético y con equidad.

Y esa obligación de no quedarnos callados es para todos los que creemos que Colombia tiene que cambiar, desde aquellos que humildemente planteamos nuestras ideas en escritos, hasta en los muros de las redes sociales de todos los que deseamos una Colombia diferente.

No podemos cometer el error de la discusión y la amenaza, esa es la estrategia de los que apoyan esta “dinastía” violenta que nos gobierna. Nosotros tenemos que plantear las ideas con argumentos. La desigualdad, las masacres, la pobreza de este país tienen cifras, estadísticas, nombres y rostros. Tenemos argumentos de sobra, debemos utilizarlos todos, es la única manera de evangelizar al colombiano que quiere vivir sometido porque aún no abre los ojos.

Esa entrevista fue un espacio para llegar a aquellos que aún no comprenden que Colombia, nuestra dignidad como nación, los recursos naturales, el bienestar del pueblo está secuestrado por un faraón. Somos ciudadanos “esclavos” de un grupo de momias polvorientas que no quieren dejar el poder.

Petro en esa entrevista permitió que la Dávila, una vez más, mostrará lo inepta y mala periodista que es, ella sola saco el veneno que la carcome. Pero principalmente, Gustavo Petro les explicó a los colombianos que consumen los contenidos de ese medio, lo que significa vivir en democracia. Los argumentos y los postulados de Petro, jamás cambiaran los pensamientos de Vicky, ese discurso no lo hizo para ella.

Petro comprende lo que significa actualmente, aquello que en 1969 Peter Drucker llamó  “Sociedad del Conocimiento”. Drucker, partió de la idea de Fritz Machlup, que en 1962 creó el concepto de “Sociedad de la Información”. Drucker definió esto para el management empresarial, específicamente en su libro “La Era de la Discontinuidad”. Literalmente él dice “las cosas más útiles, como el conocimiento, no tienen valor de cambio”. Y el saber se convirtió en un factor económico, mercantilizó el conocimiento. Todo desde la óptica económica.

Cincuenta años después su planteamiento está más vigente que nunca, pero ya no simplemente desde la ciencia económica, el concepto de la “Sociedad del Conocimiento” trascendió la economía y hace parte de la sociedad, utilizado con mucha astucia dentro de la política. Si políticamente manejas la “Sociedad del Conocimiento”, tienes en tu poder la capacidad reflexiva y critica de la población, le dices el qué, cómo, dónde y cuándo. Entonces es cuando creas unos ciudadanos ignorantes pero ilustrados, suena a contradicción, pero en los siguientes párrafos se darán cuenta que no es así.

En esa entrevista el senador hizo uso de ese poder monopolizado de la “sociedad del conocimiento colombiano” y llegó a un público al que normalmente no le puede hablar, no tiene voz en los medios que esos colombianos escuchan, leen y ven. Y no tiene voz, porque le niegan esos espacios. Petro, gracias a Dávila, les habló a los uribistas y a los tibios.

Quizás, logre convertir a algún uribista de esos que no son malas personas, sino que simplemente están ciegos ante la realidad. Pecaré de ingenua, pero creo que todavía hay mucho uribista que se puede rescatar.

Petro les explicó a todos esos uribistas ciegos, lo que significa un país con democracia, las implicaciones reales de la democracia en la vida de la población.

Me retracto de eso que escribí arriba, de “pecar por inocente” al creer que se pueden convertir uribistas en colombianos pensantes. Definitivamente, no peco por inocente al pensar en esto, acabo de recordar a muchas personas que en el pasado fueron uribistas, que votaron por Uribe y que hoy son petristas, actualmente rechazan a Uribe, comprenden que fue y es, lo peor que le ha pasado a Colombia.

Y esa conversión ocurrió porque les llegó la luz del conocimiento y la comprensión de nuestra realidad como país.  De alguna manera abrieron los ojos, les tocó vivir en carne propia los males de este país, leyeron, vieron o escucharon algo que los llevó a comprender aquello que aún no entendía o que no conocían. Algo pasó, y esos uribistas despertaron. Tenemos que rescatar a esa gente de la ignorancia mental en que los tiene sumidos esa momia egipcia con todos sus secuaces manipulando la información.

Existen tres tipos de personas en este país. El primero, los autoignorantes, aquellos que Karl Popper nos ayuda a definir a través de esta premisa: “La verdadera ignorancia no es la ausencia de conocimientos, sino el hecho de rehusarse a adquirirlos”.

En Colombia hay muchas personas que son ignorantes a voluntad propia, no me refiero a ignorancia solamente en conocimientos académicos, sino a ignorancia sobre la realidad de un país desigual, un país cada día más pobre, un país que naufraga mientras sus propios marineros lo permiten. Conozco muchísimas personas profesionales hasta con magister y doctorado, que no ven ni leen noticias de ningún tipo, no se enteran de lo que pasa en su país, no les importa, no quieren “amargarse el día” con malas noticias.

Cuando les haces la pregunta ¿Cómo te enteras de lo que ocurre? Te contestan que, de vez en cuando ven y leen Semana, Caracol y RCN, medios de comunicación comprados, que convierten la información en una compota fácil de digerir y con un sabor artificial agradable, para que el usuario se trague con gusto todas las mentiras y la información acomodada.

A este tipo de colombianos no les interesa contrastar la información, profundizar sobre un tema, leer distintas visiones, conocer datos, cifras, estadísticas…  Eso es demasiado esfuerzo mental, requiere un pensamiento reflexivo y critico que no les interesa tener.

Popper define el proceder de un ignorante a voluntad, como personas que normalmente actúan y reaccionan desde los instintos, sin pensar en las consecuencias. Una definición certera de una parte de los colombianos.

A este tipo de colombianos no los puedes rescatar, están en esa posición porque quieren estar, no quieren escuchar argumentos, no les interesa. No les importan los muertos, el hambre, el desempleo y la pobreza. Y en caso que haya que culpar a alguien de eso, señalan a los que nunca han estado en el poder, que no han tomado las decisiones que tienen a este país así, como, por ejemplo, Gustavo Petro.

El segundo tipo de colombianos, es aquel que es ignorante de la realidad del país por falta de información, por no entender la importancia de elegir bien un presidente, que piensan que la dura realidad de los colombianos nos los va a tocar, se sienten en una burbuja. Tienen unos modelos a seguir, padres, familia, amigos, profesores… en los que creen y que han sembrado en ellos la ignorancia frente a la realidad de Colombia. De manera más coloquial, son personas tibias, rodeadas de uribistas, de esos que explico más arriba, quienes ejercen una influencia en sus mentes, y debido a la falta de conocimiento se tragan esa historia uribista que tiene este país en declive.

Nicómaco, filósofo griego e hijo de Aristóteles, en sus escritos sobre la moral plateo algo que describe un poco a este tipo de colombiano.

Existe un “hombre que ha hecho algo sin saber lo que hacía, pero que no ha experimentado dolor como resultado del acto, sin duda no ha obrado voluntariamente, puesto que no sabía lo que era su acción; pero tampoco puede decirse que ha obrado contra su voluntad, puesto que de su acción ningún dolor le ha resultado. Y así en todas las acciones hechas por ignorancia, el que tiene que arrepentirse después parece haber obrado contra su voluntad; y, por lo contrario, el que no ha tenido que arrepentirse de haber obrado, está en una posición muy distinta, y puede decirse simplemente de él que obró sin voluntad”.

Así es este tipo de colombiano, eligió al inepto presidente que tenemos sin saber lo que hacía, defiende el uribismo sin saber por qué lo hace, no siente remordimiento ni arrepentimiento porque no cree que haya cometido un error. No siente apasionamiento por el faraón ni por su marioneta, lo apoya como por inercia, por influencias externas.

Dentro de este mismo grupo están los que no votan, no lo hacen porque no lo creen importante, no comprenden las implicaciones negativas que esto tiene. Y también están los tibios, que desconocen el valor de asumir posiciones claras y que este país no está para tener ciudadanos que sean como una papa sin sal. Porque le hacen tanto o más daño al país que los colombianos autoignorantes.

Y los terceros somos los colombianos con la consciencia despierta, a los que nos preocupa el desempleo, la desigualdad, la pobreza que crece cada día. A los que nos duele cada líder asesinado, los 6 mil jóvenes ejecutados, los que nos negamos a permitir que este país naufrague con nosotros adentro. Tenemos la responsabilidad de no quedarnos callados, de difundir esa luz que – quizás- sirva para rescatar a los colombianos perdidos que pueden y quieren ser salvados de su propia ceguera.

Voy a citar literalmente a Petro, en una parte de su entrevista con Dávila, es la parte que nos motiva a buscar la Colombia que merecemos y debe ser la parte que ayude a despertar a los dormidos:

“En Colombia no hay democracia

¿Cuál democracia?

El cuarto país más desigual del mundo

En democracia no se construyen las enormes barreras sociales que hay en Colombia

En una democracia no bombardean niños

En una democracia no te aparecen al cabo de los años 6.402 jovencitos asesinados por el Estado

Eso no se llama democracia

Si alguien está defendiendo esto como democracia, es alguien que está equivocada

Propongo – La Democracia-

Vivir en democracia

Vivir en democracia es que no exista miedo

Vivir en democracia es que unos jovencitos puedan ir a conocer el mar, ir hasta el mar y volver y no desaparecer en el camino

Democracia significa:

Que la mujer pueda salir de noche a la calle, vestida como le dé la gana, a las 4 de la madrugada, de fiesta con sus amigos y no le pase nada

Democracia significa que a una mujer no la golpeen en su hogar

Democracia significa que los salarios de las mujeres sean iguales a los de los hombres por igual trabajo

Democracia significa un estatuto de salario digno

Cómo se puede pensar que hay una democracia cuando un empleador público o privado contrata a una muchacha por tres meses y la acosa sexualmente porque sabe que, a los tres meses, está en su poder la posibilidad de prorrogar el contrato. Nada de eso existe en Colombia”.

Y yo le agregaría a lo dicho por Gustavo Petro lo siguiente:

En una democracia no se amenaza a un niño de 10 años que es activista ambiental

En una democracia no se amenaza a la familia de un humorista que hace crítica social como a Alejandro Riaño

En una democracia los soldados no violan en manada a niñas de 12 años

En una democracia no se intenta hacer una reforma tributaria para cobrar impuestos ciudadanos de a pie, cuando se están cerrando negocios, empresas y emprendimientos en bloque, cuando el desempleo crece.

En una democracia no se ataca al pueblo con políticas económicas que buscan quitarle lo poquito que tiene

En una democracia la esposa del presidente no intenta gastarse 50 millones de pesos en su autobiografía

En una democracia un ministro de defensa no dice que los niños víctimas de la violencia son maquinas de guerra

En una democracia los periodistas de un medio de comunicación no renuncian en bloque y salen despavoridos porque llega a dirigir el medio una periodista con un claro sesgo político, dispuesta a censurar a quien no marche por la misma línea

En una democracia los periodistas no insultan a los entrevistados.

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