Es una cuestión de principios

Los verdaderos y más importantes valores y principios humanos son universales, sagrados y no son negociables. Como, por ejemplo, el valor de defender y proteger la vida, la dignidad de los seres humanos, la igualdad y equidad en derechos y deberes. Y es obligación del estado y de sus líderes, municipales, departamentales y nacionales proteger estos valores. Esa es una de las principales funciones del Estado, proteger los derechos humanos.

¿Qué esperas tú de un criminal? Robos, muertes y delitos. No se puede esperar nada más, por eso es un delincuente y como tal merece recibir el castigo legal, social y moral que corresponda ¿Qué esperas tú de un gobernador o un presidente? Que defienda y proteja la vida de sus ciudadanos, desde el más humilde hasta el más adinerado. El número de sus propiedades y el saldo en el banco no debe hacer que una vida sea más importante que la otra.

Los que tienen hermanos o  los que son padres con más de un hijo, seguramente han escuchado la frase de un hermano, que justifica su falta aludiendo a los errores de uno de sus hermanos. Yo, por ejemplo, alguna vez utilicé ese seudo argumento, para intentar evitar el regaño o minimizar mi error, “mami por qué no regañas igual a mi hermano que ayer hizo tal cosa” o “¿Por qué me regañas a mí, si él se portó peor?”. A lo que sabiamente me contestaba mi madre y creo que todos los padres del mundo: “cada quien responde de manera individual por sus propios errores”.

Y así es, que diez personas cometan un error, igual, parecido o peor al tuyo, no justifica tu falta, no te exime de ella, no te deja libre de pecado… ni con tus padres, profesores, con la ley o con Dios. Si eres religioso ¿Crees que le puedes contestar a Dios con un “es que juanita cometió más pecados que yo”? Cada quien TIENE que asumir sus actos, errores y consecuencias sin señalar a otro. Y eso también es una cuestión de principios, asumir la responsabilidad de nuestros actos y sus consecuencias se llama INTEGRIDAD MORAL.

¿A qué viene todo esto? ¿Qué tienen que ver los principios, la vida, los gobernadores, presidentes y la excusa de los hermanos de señalar el error del otro?

A que todo esto tiene que ver con el debate nacional (por ponerle un nombre decente) que se ha dado en torno a la casa por cárcel que le dieron a Uribe. El país está literalmente dividido, entre los que celebran la medida y entre los que están dolidos, indignados y rechazan la medida de aseguramiento. Y alrededor de este tema no hay tibios, literalmente cada colombiano está en una de las dos orillas del río.

¿En cuál estoy yo? Celebro la medida y lo hago por una cuestión de principios. Me encuentro cansada de leer y escuchar como “justifican” o intentan minimizar la detención domiciliaria de Uribe, haciendo el señalamiento moral (según ellos), de que cómo es posible que Santrich y su combo estén libres, algunos con curules y nuestro expresidente esté siendo juzgado y con casa por cárcel.

Y es aquí cuando les respondo como lo hacía mi mamá y la mayoría de los padres del mundo, Santrich es Santrich y Uribe es Uribe. El guerrillero tiene que ser juzgado por sus delitos y asumir esas consecuencias, que no haya sucedido es algo que la justicia colombiana tiene que corregir y en lo que están fallando. Pero eso no exime de NINGUNA MANERA al expresidente de sus actos, posibles errores, delitos y las consecuencias que todo esto tenga. Entender esto, aceptarlo y vivir bajo estos parámetros se llama ser una persona íntegra.

Así que no intenten justificar los posibles delitos del expresidente, señalando los delitos de otro criminal. Eso se llama falta de integridad y autoengañarse para no bajar a su ídolo del pedestal. Hacer un proceso de negación de una realidad que va a terminar estallándole al país próximamente.

Claudia Palacios, en otra de sus nefastas columnas, escribió lo siguiente:

Ahí ella misma plantea la posibilidad de que podrían probarle al expresidente muchos de los delitos por los cuales es señalado. Ella está adelantándose a lo que viene, a que eso suceda o que tal vez esté por ocurrir que él probablemente sea encontrado culpable de masacres y otros delitos.

Lo señalan de ser, presuntamente, culpable de haber ordenado y planeado las masacres de El Aro y La Granja en el departamento de Antioquia cuando él fue gobernador. Yo he leído, visto y oído todo el material que he encontrado sobre el tema, lo he hecho sin apasionamientos, tratando de no tener sesgos y debo decir que cualquier persona sensata y coherente, después de enterarse a fondo de todo lo que ocurrió allí, llegaría a la misma conclusión que el senador Iván Cepeda, cuando en 2013 señaló al expresidente como presunto coautor de esos delitos.

Y es aquí cuando entra a colación el tema de los principios. Para mí la vida es sagrada y ese es un principio no negociable, porque precisamente los principios y valores no son negociables o flexibles. No podemos decir que este muerto vale mas que este otro. O que este muerto se justifica porque fue producto de las acciones de un “honorable” político y este muerto de acá es injustificable porque lo causó un guerrillero. Hacer eso es no tener moral y ser un hipócrita. Una sabandija de “moral” relativa y acomodada a conveniencia.

Más aún cuando los presuntos responsables de esas atroces y dolorosas masacres fueron quienes tenían el DEBER de proteger a cada uno de esos campesinos humildes y sus familias. Yo no puedo defender, justificar, idolatrar y seguir a una persona acusada de eso, de la masacre de familias campesinas, pobres, humildes e indefensas para despojarlas de sus tierras y ganado.

Hijas que fueron violadas, torturadas y algunas asesinadas frente a sus padres y hermanos. Padres que fueron torturados y asesinados salvajemente frente a sus hijos, muchos de ellos niños. A un campesino, por ejemplo, lo amarraron todo el día a un árbol y poco a poco lo iban cortando y apuñalando con machete, estando vivo le sacaron los ojos, lo abrieron y le sacaron el corazón, frente a su familia y a toda la comunidad. Y quienes lo hicieron fueron paramilitares, miembros del ejercito y a quien presuntamente responsabilizan del hecho y que supuestamente conocía todo lo que estaba pasando es al expresidente. Por una cuestión de principios, no de política, DE PRINCIPIOS, yo no puedo defender a ese señor, no puedo idolatrarlo ni justificar nada de esto, porque sencillamente no tiene justificación alguna.

Lo que tristemente sucede en el país, es que para muchos esos campesinos masacrados no valen nada, no significan nada, no importan ¿Qué pueden importar unos cuantos campesinos analfabetos? Le escuché una vez a alguien. Y eso que no estoy mencionando los miles de jóvenes asesinados en los falsos positivos durante su presidencia. Una vez leí en un chat, como alguien justificaba los falsos positivos como “consecuencia normal de la guerra o bajas necesarias para la guerra”, aún no me cabe en la cabeza que alguien pueda pensar eso.

Asusta reconocerlo, pero una parte de los ciudadanos de este país es tolerante ante el asesinato y el crimen. No les duele y no les importa la muerte de los humildes, de los vulnerables, de los que menos tienen. Una parte de los ciudadanos de Colombia son criminales al justificar esto, tan criminales como el que comete el delito. Tienen una ausencia total de valores y principios, sólo los sacan a relucir cuando les conviene, cuando les es útil tener moral y defenderla.

Y lo peor, son fanáticos. Una parte de Colombia es un pueblo compuesto de fanáticos, que idolatran seres humanos, casi como si fueran mesías, aunque sean criminales. Se vuelven ciegos, sordos, mudos ante toda la evidencia. La niegan, aunque sea absurdo hacerlo. Colombia es un país violento, fanático, con ídolos y mesías de carne y hueso, criminales, pero, paradójicamente, un pueblo que se jacta de tener una gran moral y ser religioso. Nada más contradictorio, la doctrina cristiana nos enseña que no se debe idolatrar a nadie. No sé cuantas veces está escrito en la biblia, pero a todos esos seguidores fanáticos, que idolatran al expresidente se les olvida esa parte de la enseñanza cristiana. Y le justifican todo a su mesías, todo, los peores crímenes, abominables y reprochables.

Podrán hasta ahora decir que todo eso es mentira, que es un complot para destruir a su ídolo. Pero como la misma Claudia Palacios lo vaticina, eso es algo que probablemente van a terminar probando de manera irrefutable. Y cuando esto suceda ¿Van a seguir justificándolo y defendiéndolo?

Tú, sí, tú el que me lees, si te consideras una persona de principios, no deberías estar defendiendo ni apoyando algo así. Aquel que lo haga, aún cuando se presenten evidencias irrefutables, es solo un hipócrita ante la sociedad y se miente a sí mismo, a eso le llaman cinismo.

Y yo por cuestión de principios, no de política, soy coherente y jamás defenderé a una persona como él.

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