Cultura

Las matemáticas del surrealismo

Además de Gala, otras musas de Salvador Dalí fueron las ciencias exactas, una herramienta muy útil para la composición de sus pinturas, y ante todo una fuente de inspiración inagotable.

Los matemáticos David Blázquez, profesor de la Escuela de Matemáticas de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.) Sede Medellín, y Luis Fernando Jiménez Buitrago, egresado de la Institución, analizaron ocho cuadros del artista y acudieron a diferentes fuentes bibliográficas recopilando y organizando todo lo que se había estudiado con respecto a la relación entre las ciencias exactas y Dalí, quien alguna vez afirmó que estas le habían aportado la inmortalidad del alma.

Por ejemplo, la proporción áurea, una teoría de origen milenario, describe la relación entre dos segmentos de una recta –uno más largo que el otro–, representándola por medio del número de oro, un valor que se aproxima a 1,618033. La división entre el segmento más largo con respecto al pequeño se asemeja a la del total dividido entre el más grande. Esta noción matemática se observa en diferentes situaciones de la naturaleza: las proporciones de los huesos del esqueleto, la medida de la cabeza al ombligo y de este a los pies, o en la longitud de las ramificaciones de un árbol.

De igual manera existen los rectángulos áureos, aquellos en los que la proporción de sus lados da como resultado el número de oro. A partir de esto surge un “juego” que cautivó la imaginación de Dalí: dentro de dicha forma geométrica se puede dibujar un cuadrado, que deja un nuevo rectángulo áureo más pequeño, y así sucesivamente. Luego, desde el rectángulo más pequeño se crea una espiral que bordea hasta llegar al más grande.

Basado en esta idea, Dalí compuso Semitaza gigante volante, con anexo inexplicable de cinco metros de longitud. En efecto, de la nada cuelga una taza desde una estructura que flota sobre un cubo, a cuya derecha levita una fruta. Al fondo, como si se tratara de un espejismo en pleno desierto, se observa el paisaje de Cadaqués, municipio catalán donde el artista construyó su casa-museo. Siguiendo la línea del espiral, le dio la sombra al cielo: un paisaje, quizás uno de los sueños que tanto le obsesionó, que quedó para la infinita posteridad.

Inspiración eterna

Cuando una taza de café se mueve bruscamente se crean burbujas pequeñas que de repente desaparecen mientras un remolino permanece por más tiempo. Estas situaciones que van alterando un sistema dinámico en el que todo cambia de manera permanente –unas cosas más rápido que otras– fueron descritas desde las matemáticas por el pensador René Thom en la “Teoría de las catástrofes”, formulada a finales de los años cincuenta y que causó una gran polémica, llamando la atención, cómo no, de Dalí.

Acercándose al final de su carrera, el artista se inspiró en dicha teoría para crear Cola de golondrina y violonchelo, obra que tiene la letra con la que se representan las integrales y una ilustración tridimensional de la denominada superficie catastrófica. Así mismo intentó crear un estilo de caligrafía denominado catastrofeiforme.

El pintor culminaba así un viaje que lo llevó por diferentes teorías e ideas del pensamiento matemático, un conjunto de símbolos desde los cuales expresó sus sueños, ilusiones, ambigüedades y obsesiones, tales como los cuernos de los rinocerontes, presentes habitualmente en sus cuadros porque representan una espiral perfecta.

“Confirmamos que las obras de Dalí son un juego intelectual, un poema surrealista”, manifiesta el profesor Blázquez, mientras el matemático Jiménez usa la palabra “maravilloso” para describir lo que sintió la primera vez que estuvo frente a una pintura suya.

Hipercubo

Otro ejemplo de la relación entre las matemáticas y Dalí es la obra Corpus Hypercubus que se exhibe en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York y que recoge algunos de los elementos comunes en la obra del artista nacido en Figueras: cuerpos que levitan, su esposa Gala, surrealismo y un fuerte simbolismo religioso.

La obra es una muestra de la genialidad de un hombre al que le encantaba llamar la atención buscando pleitos donde no los había o con las explicaciones de sus obras que casi siempre eran traídas de los cabellos. Al fin y al cabo tenía que ser consecuente con su papel de genio en un mundo surreal en el que, de repente, cuatro dimensiones caben en un espacio tridimensional.

Esto se observa en el “apellido” del cuadro: Hypercubus o hipercubo, una noción matemática que consiste en darle una cuarta dimensión a dicho cuerpo geométrico. Un homenaje en forma de cruz de ocho cubos a sus dos ídolos: el arquitecto, matemático y geómetra español Juan de Herrera, quien construyó el célebre Monasterio de El Escorial, y el filósofo y poeta catalán Ramón Llull, a quien se le atribuye la invención de la rosa de los vientos.

La pintura dibujada hace 63 años forma parte del trabajo “Algunos aspectos matemáticos sobre la obra de Salvador Dalí”, adelantado por los profesores Blázquez y Buitrago, tan interesados en los números como en aquellas “partículas” que flotan en la obra en la que Dalí expresa, entre otras cosas, su estremecimiento ante las bombas de Hiroshima y Nagasaki.

 

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