Mujeres paquistaníes de Swat no caen en el engaño talibán de nuevo

Por Zofeen Ebrahim

KARACHI, Pakistán –  El aumento de la presencia de las milicias talibanes en Swat, el que era un idílico valle en la provincia de Khyber Pakhtunkhwa (KP), en el noreste de Pakistán y fronteriza con Afganistán, sigue atormentando a muchos de sus habitantes, que reviven lo que ya sufrieron hace 15 años.

Yasmin Gul recuerda hasta el último detalle del día en que ella y su familia se vieron obligados a abandonar su pueblo natal, Matta, en Swat, junto con miles de personas, días después de que el ejército pakistaní lanzara la ofensiva conocida como operación Rah-e-Rast en el valle.

La operación se efectuó contra los combatientes del grupo Tehrik-i-Taliban Pakistan (Movimiento de los Talibanes Paquistaníes, TTP), una coalición paramilitar yihadista surgida en 2007 tras llegar los talibanes al poder en la vecina Afganistán. La ofensiva militar en su contra se produjo tras el fallido acuerdo de paz con el grupo de 2009.

No fue solo el dolor insoportable de correr con sus aparatos ortopédicos (Gul es una superviviente de la poliomielitis), sino el caos de esa tarde lo que recuerda.

“Corrimos sin nada más que la ropa que llevábamos puesta, y nos fuimos a Madyan, una ciudad a una hora en automóvil de Matta, y nos quedamos durante tres meses con un tío». Ella fue parte de los casi tres millones de personas que huyeron de Swat durante varios años.

Gul, de vuelta en Matta desde dónde habló con IPS, todavía puede recordar la indignidad a la que se enfrentaban las mujeres, los niños y los ancianos, algunos de los cuales eran llevados a hombros por sus hijos después de haber corrido para salvar la vida en medio del sonido de un bombardeo ensordecedor.

“Los militantes (talibanes) nos obligaban a llevar el burka (vestimenta que cubre totalmente el cuerpo y el rostro de las mujeres), pero esa tarde vi a mujeres que corrían para salvar la vida sin cubrirse siquiera con el chador (velo tradicional con el que las mujeres deben envolverse el cuerpo de la cabeza a los pies, salvo la cara)”, dijo.

“No quiero volver a pasar por eso”, dijo con determinación.  “No dejaremos que nadie nos lleve al borde de ese abismo, y esta vez no nos dejaremos engañar», insistió.

Las imágenes de cadáveres en las calles están tan frescas como los tonos apagados que resuenan en sus oídos de los ancianos que hablan de jóvenes de su familia secuestradas, violadas e incluso obligadas a casarse con comandantes militantes, y de hombres desafiantes que fueron castigados de la manera más bárbara, incluyendo la decapitación y la matanza.

Como escarmiento y advertencia, los cuerpos de las víctimas eran expuestas en público.

“Tenía edad suficiente para recordar muchas cosas”, dijo Gul, quien aseguró que “no creo que me haya curado y salido del horror de todo lo que presencié”. “Tampoco lo ha hecho nadie; simplemente no hablamos de ello y lo hemos reprimido”, reflexionó.

El surgimiento talibán en Swat

En 2002, un incendiario y fanático clérigo islamista de Swat, el mulá Fazlullah, estableció su cuartel general en su pueblo: Imam Dehri.

Entre 2004 y 2007, empezó a cortejar a los pobladores de esa y otras localidades, especialmente a las mujeres, a través de varias docenas de emisoras de radio FM ilegales que prometían el Nizam-e-Adal (sistema de justicia islámico), no solo en Swat sino en toda la división de Malakand de la provincia de KP, que comprende los distritos de Bajaur, Buner, Chitral, Dir y Shangla.

En 2007, el TTP había establecido su dominio en el valle, a solo 160 kilómetros de la capital del país, Islamabad, mientras los 20 000 soldados del ejército desplegados lo observaban impotentes. El TTP llegó a contar con cerca de 35 000 integrantes, según datos no corroborables,

El portavoz de los talibanes, Muslim Khan, declaró a IPS en una entrevista en 2009: “Queremos dar a las mujeres el lugar que les corresponde en el Islam”.

“La gente dice que fueron las mujeres de Swat las que apoyaron a Fazlullah con grandes donaciones, incluso son sus joyas, pero nadie se pregunta por qué”, dijo Musarrat Ahmad Zeb, un político pakistaní de Swat, quien fue miembro de la Asamblea Nacional de Pakistán entre 2013 y 2018.

En diálogo con IPS desde Swat, dijo que el TTP prometió una justicia rápida a los pobladores locales, que veían erosionarse la autoridad del “wali (gobernador o guardián)” que gobernaba Swat por los poderes centrales. Zeb es la viuda de Miangul Ahmed Zeb, hijo del wali de Swat de entonces, Miangul Jahan Zeb.

Pero en lugar de dar a las mujeres lo que el TTP les había prometido, cuando sus militantes se adueñaron de Swat, les quitaron por completo el derecho a la vida. Las obligaron a abandonar los trabajos en los que se relacionaban con los hombres, les prohibieron ir al mercado sin escolta y a las adolescentes no se les permitió ir a la escuela.

Temor por su creciente retorno

A Neelum Noori, de 21 años, le preocupa que esos tiempos vuelvan y tenga que cerrar su salón de belleza en Mingora, la capital de Swat.

“Teníamos una clientela bastante buena, pero desde hace dos meses es un goteo. Si esto sigue así, ¿cómo vamos a poder pagar el alquiler y las facturas de los servicios públicos del local?”, dijo a IPS desde esa ciudad. Noori no solo mantiene a sus padres, sino que también paga sus estudios de dos años como visitadora de salud.

El senador Mushahid Hussain Sayed, presidente de la Comisión de Defensa y Seguridad Nacional del Senado, dijo a IPS que el resurgimiento del terrorismo en KP es algo muy preocupante, recordando los sacrificios realizados por las fuerzas armadas de Pakistán y el pueblo para combatir y contener “el flagelo terrorista talibán”.

Pero la presencia cada vez más ostensible de los talibanes no es nueva y no solo en Swat.

“Llevan muchos años allí y están por todas partes en KP. Lo he puesto en conocimiento de los colegas en la asamblea desde 2018”, dijo Mohsin Dawar, un legislador de Waziristán del Norte, y presidente del nacionalista Movimiento Democrático Nacional.

Aseguró a IPS que los militantes talibanes adquirieron nueva fuerza y visibilidad desde de que los talibanes tomaran de nuevo Kabul en agosto de 2021 y se reasentaron en el poder en Afganistán.

Según un reciente documento de investigación elaborado por el Instituto de Estudios para la Paz de Pakistán, con sede en Islamabad, hasta 433 personas murieron y 719 resultaron heridas en 250 atentados en Pakistán desde el 15 de agosto de 2021.

Calificándolos de incidentes aislados de terrorismo, los funcionarios provinciales afirman que su escenario no fue mayormente KP. Sin embargo, el TTP ha reivindicado la responsabilidad de la mayoría de estos ataques.

En septiembre, 86 personas, entre ellas el exjefe del comité de paz Idrees Khan, murieron en un atentado con bomba por control remoto. Khan estuvo al frente de la movilización de la resistencia contra los talibanes en 2007.

A principios de este mes, tomaron como rehén a un ministro de Gilgit Baltistán; a cambio, exigieron la liberación de sus compañeros implicados en el mortífero atentado terrorista de 2013 en el campo base del Nanga Parbat, en el que se atentó contra escaladores extranjeros.

También querían que se pusiera fin a las actividades deportivas de las mujeres en GB.  Estos casos de gran repercusión crean miedo entre el público en general y son muy desmoralizadores para ellos, había dicho Dawar en la asamblea recientemente.

Si bien la resistencia de la población ha permitido contener la situación, advirtió que rsta puede escaparse de las manos y volverse más peligrosa que la anterior si no se le presta atención ahora.

Fazal Maula Zahid, miembro de la Swat Qaumi Jirga (una plataforma de ancianos y notables que trabajan por la paz en la región), tenía grandes esperanzas en los jóvenes y las mujeres del valle.  Si salen como una fuerza colectiva y se organizan, dijo, el valle no puede sufrir ningún daño.

“Los jóvenes de hoy son enérgicos y han visto o escuchado los problemas de sus mayores; no permitirán que la historia se repita”, dijo Zahid a IPS, añadiendo que la gente no tiene fe en los funcionarios del gobierno que han hecho poco para proteger a los desventurados.

Desde hace unas semanas, los residentes de diferentes pueblos y ciudades de KP, como Khawazakhela, Kabal, Matta, Mingora, Charbagh y Madyan, han salido a protestar contra el aumento de los ataques terroristas en multitudinarias manifestaciones.

“En Mingora, había más de 80 000 personas en Nishtar Chowk; era enorme”, dijo Zahid, que asistió al acto.  “Me han dicho que la de Charbagh fue aún mayor”, añadió.

“Es alentador que la gente se haya levantado contra este resurgimiento (talibán) y haya mostrado su determinación de no permitir nunca más que este fenómeno contamine su sociedad”, dijo Sayed, “y que no se desperdicien los logros del pasado reciente”.

Informó de que en una reunión del comité celebrada a principios de este mes, se resolvió revitalizar el aparato de lucha contra el terrorismo, especialmente la Autoridad Nacional de Lucha contra el Terrorismo, (responsable de elaborar las políticas y estrategias de lucha contra el terrorismo y el extremismo).

Pero en el encuentro participaron solo hombres, ya que la costumbre de la segregación en los espacios públicos sigue vigente.

Sin embargo, dijo Zahid, en una acción sin precedentes, el 21 de octubre, un puñado de mujeres también protestó en la localidad de Madyan.

Tanto Noori como Gul dijeron que ellas también quieren salir al espacio público a aportar su voz. “Creo que si hay suficientes mujeres, mi familia dará el permiso”, dijo Gul.

T: MF / ED: EG

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