Pensando (con esperanza) el turismo en el Perú en los próximos meses

Conciencia y realidad. La ilusión no es negar la realidad, es afrontarla y transfórmala a favor de la gente y su futuro con gestión, compromiso e innovación.

Las realidades en el sector turismo pueden variar en pocos kilómetros. Cada espacio constituye una realidad distinta y su problemática puede ser muy específica como para aplicar medidas genéricas. Lejos de repetir algo que es sabido (que el turismo es uno de los sectores más golpeados) y emitir recetas únicas o generales, lo que debemos hacer es ponernos a revisar, analizar y exponer aspectos que puedan resultar importantes para que el sector turismo y las autoridades, en cada una de estas realidades, tomen mejores decisiones y gestionen planes que puedan alcanzar a mas actores de las diversas cadenas de valor del turismo, más allá de medidas tributarias, subsidiarias o de flexibilidad de disposición de ahorros.

Dos crisis, un sector. Somos causa y consecuencia, seremos miedo e ilusión, volveremos a ser pero ya no como antes sino mejores que antes.

En principio es importante distinguir que se trata de dos crisis; una crisis sanitaria como causa y una crisis económica como efecto. En la crisis sanitaria el turismo es parte del problema como vehículo difusor de la pandemia. Basta revisar las cifras de países emisores y receptores, o las distribución de flujos por continentes, y compararlas con los focos de la pandemia, número de infectados y rutas de expansión para que esta aseveración no suene antojadiza o exagerada. En esta primera crisis será importante trabajar sobre la percepción e imagen que tendrá el turismo cuando todo haya vuelto a la calma. Si antes de esta pandemia ya en algunos destinos los ciudadanos anfitriones cuestionaban al turismo, seguramente ese fenómeno se va a acrecentar, más aún cuando hemos visto que la ausencia de grandes flujos ha tenido impactos ambientales positivos y nos hemos dado cuenta que la calma es buena.

Fernando Vera-Revollar Mar. Tecnopólitico peruano, experto en turismo y desarrollo.

En el caso de la crisis económica el turismo es más bien una víctima pues la afectación que tiene el coronavirus sobre nuestros clientes tanto a nivel sanitario como económico reduce las posibilidades de tenerlos en nuestros países, localidades y negocios. Debemos prever que segmentos importantes de mercado como los adultos mayores, sobre todo europeos y norteamericanos, van a disminuir por defunciones, afecciones posteriores de salud o por precaución en meses o años subsiguientes, sobre todo en desplazamientos a destinos long haul como Perú. Por otro lado, los segmentos más jóvenes, que suelen viajar de manera exploratoria a países como el nuestro, van a contar con menos tiempo y menos recursos, prefiriendo posiblemente destinos más cercanos en África del norte para el caso europeo o en Centro América para el caso norteamericano.

Colaboremos con la reputación global del Perú. Estamos ante la posibilidad histórica de ser referentes mundial, de tener reputación y los ojos y oídos del mundo leyendo incluso por primera vez “Perú”. Esto no es chamullo como el Dakar, aquí si nos verá el mundo entero.

La reactivación económica inicial sin embargo también traerá viajeros de inversiones o negocios, repatriados o migraciones de corta duración según la reputación global que logremos al final de esta situación. Hay quienes no se verán muy afectados a nivel sanitario ni económico y que volverán a viajar casi inmediatamente se levanten las alertas, incluso aprovechando los precios que se estima podrían ser menores a lo habitual con afán de atraer más viajeros. En este sentido es menester de nuestras autoridades efectuar un análisis más profundo de aquellos países emisores donde existan más potenciales viajeros esperando el fin de la pandemia y con ganas de viajar a destinos que tengan mejor reputación en el manejo de la crisis que brinden condiciones de seguridad sanitaria y social. Es también importante efectuar análisis de impacto mercado por mercado y que las proyecciones de cifras sean específicas para que el empresariado y los gobiernos subnacionales tengan guías claras para mover sus estrategias en apoyo a las del gobierno nacional.

Muy al margen de mirar con esperanza la reactivación del turismo a nivel receptivo, es importante ayudar a que el país tenga esa reputación que nos servirá a nivel internacional para generar confianza y poder ser de los primeros destinos elegidos por viajeros pioneros post pandemia. Que nos vaya bien como país no solo nos servirá como reputación externa, sino que también permitirá que las condiciones socioeconómicas internas sean saludables y podamos, a través del turismo interno, generar movimiento económico y brindar salud mental y reparación afectiva a miles de peruanos para quienes la cuarentena, y las medidas extremas, significaron estar alejados de familia, posponer viajes o la privación de placeres o satisfacciones habituales que encuentran a través de los viajes.

Viajes y experiencias para peruanos. Turismo interno y la oportunidad de alianzas empresariales innovadoras.

Ante lo expresado anteriormente es importante que nuestras autoridades efectúen una clasificación de destinos de acuerdo a su geoposición respecto a la demanda interna y sus posibilidades de captación natural de viajeros. Por ejemplo aquellos destinos cercanos a Lima o a ciudades grandes, con poblaciones entre 300 mil y 1 millón de personas y con mejor acceso terrestre, es probable que se reactiven mucho más rápido que aquellos más distantes que dependen del acceso aéreo con menos frecuencias de vuelo. Para encausar de manera adecuada los flujos y propiciar viajes es importante saber que así como a la mayoría le pudo
haber afectado económicamente la “cuarentena” hay también un segmento grande de peruanos que vieron en ella la posibilidad del ahorro. Ese ahorro pasada la emergencia quizás esté disponible para buscar liberación del estrés o reencuentro con seres queridos. Aquí nace una oportunidad para las empresas que solían vender solo receptivo (y muchas veces desdeñar al viajero peruano) y que podrían elegir entre atender segmentos con perfiles adecuados a sus  preferencias empresariales. La otra opción para esas empresas es seguir esperando que el receptivo se reactive paulatinamente luchando entre más empresas por un número menor de viajeros. Las empresas que se dedican a vender egresivo también tienen una oportunidad empezar a vender experiencias  peruanas que tengan valor capaz de sustituir viajes al exterior.  Esto mientras la reputación de los destinos más vendidos se recupera y el peruano retoma sus viajes al extranjero por vacaciones. Quizás alianzas entre las receptivas que pueden operar experiencias fabulosas y egresivas que tienen al cliente peruano cautivo puedan resultar beneficiosas para ambas en estos momentos. Esto más peso cuando vemos el margen amplio de opciones entre la oferta actual (convencional y malbaratada) para el grueso del turismo interno y la oferta más diversa que se le ofrece al receptivo y que hoy no se podrá comercializar a los niveles esperados. Un ajuste de precios o incremento de valor de la experiencia debe ser evaluado tomando en cuenta que quizás resignar márgenes pueda ayudarnos a subsistir y seguir operando mientras esperamos la normalización de nuestro mercado habitual sea este el emisivo o el receptivo.

Viajar para crecer. Turismo interno nacional e intrarregional. De Lima y otras grandes ciudades a las regiones y de las capitales regionales a las provincias. Descentralización económica, bienestar y educación a través del turismo.

La post pandemia será mejor en nuestro país gracias a las condiciones de estabilidad de económica -a las que deberíamos colaborar con nuestra disciplina social para incrementar el éxito- y nos podría traer una oportunidad brillante de bienestar social y reactivación económica de manera conjunta. Si uno pregunta en Lima, Arequipa, Trujillo, Cusco u otras ciudades con centros históricos y alrededores llenos de atractivos, cuántos de sus habitantes conocen o han visitado estos espacios o lugares, la respuesta contundente será que son muy pocos ciudadanos que han tenido posibilidad de hacerlo. Lo mismo sucede con espacios
naturales de alrededores de ciudades con poblaciones considerables. Preguntar cuántos arequipeños (de la ciudad) conocen el Colca, cuántos chiclayanos conocen Chaparrí o quizás cuántos trujillanos conocen Calipuy son indagaciones importantes para darnos cuenta que lejos de esperar la venida de Australianos o Suizos lo que necesitamos y disponemos al breve plazo es provocar a nuestros paisanos a conocer su tierra, a redescubrirla o mostrársela a sus hijos.

Las autoridades regionales y locales, quizás con lineamientos e insumos de investigación del gobierno nacional, deben crear programas para promover que los habitantes de las grandes ciudades fluyan prontamente consumiendo experiencias en los centros históricos o zonas aledañas como valles o espacios naturales importantes. Existe un referente en el trabajo reciente de la Municipalidad de Lima que ha venido trabajando en los últimos meses recorridos guiados enfocados en atender a los propios limeños. Si logramos que por lo menos 12 ciudades lo repliquen o potencien sus propias iniciativas, podríamos generar dinámicas
económicas importantes tomando consideraciones de inversión o subvención parcial de algunos servicios como el guiado que podría ser asumido por los gobiernos locales en acuerdo con las asociaciones de guías oficiales, ayudando de esta forma además a cientos de profesionales independientes que no podrán generar ingresos de manera tan rápida por la falta de turismo receptivo principalmente. Otras medidas importantes de subsidios podría ser replicar de maneras coordinada y frecuente la buena práctica del Ministerio de Cultura de liberar el ingreso a los museos o sitios arqueológicos, tomando en cuenta que más allá de generar ingresos hay una misión superior que es generar educación y cultura en nuestros conciudadanos y esta es la gran oportunidad.

Para el caso de promover visitas a espacios dentro de los territorios regionales es importante que las autoridades (públicas y privadas por cierto) generen condiciones en las provincias, en alianza con los municipios los cuales deberán financiar la función turismo (hoy misia y olvidada) con mecanismos ligados a la declaratoria de emergencia. Para este fin se debe contar con asistencia técnica del gobierno nacional. Aquí sería importante evaluar la posibilidad de subvencionar en forma parcial y por tiempo limitado el transporte dentro de la región, poniendo condicionantes de consumo en pernoctaciones que aseguren gasto en destino por ejemplo. Todo esto depende sin embargo de análisis serio de la relación costo-beneficio que puede ser bastante disímil dependiendo del contexto y la región. Es importante señalar que el gobierno nacional tuvo hace algunos años una herramienta útil (perfectible por cierto) llamada “De Mi Tierra, Un Producto” que estaba destinada a generar flujos internos desde ciudades de más de 120 mil personas a pueblos cercanos con condiciones mínimas para satisfacer experiencias turísticas de conciudadanos. Quizás a tres años de la desactivación de “DMTUP” es hora de lanzar la estrategia “Pueblos Turísticos” (Sic) que fue la promesa de reemplazo potenciado. Esta versión mejorada es vital pero con un campo de acción que le dé sentido y aluda a su nombre a través del empadronamiento de todos aquellos pueblos con condiciones más allá de ser solamente artesanales, patrimoniales o históricos con el fin de empezar campañas de promoción interna que abarquen a todos los pueblos con condiciones de recibir turistas regionales y satisfacer sus necesidades partiendo por lo más básico; la recreación. Las regiones con Plan Estratégico Regional de Turismo PERTUR ya cuentan con información de priorización que hará más fácil la tarea. Las DIRCETUR deberían por ende enfocarse en ello de manera inmediata dejando en manos de las Municipalidades Provinciales (de las capitales departamentales) la labor de reactivación del turismo en las ciudades más importantes.

Es importante en este afán de descentralización económica y experiencias que trasciendan y contribuyan con la educación de los peruanos se tome en consideración a todas aquellas experiencias turísticas gestionadas por comunidades. Promover estas experiencias y generar estímulos para su comercialización debe ser una de las prioridades. Sin embargo esto se debe trabajar en el contexto de los Destinos y en articulación con el empresariado y autoridades regionales para no generar islas ni propuesta alternas que queden relegadas de la oferta prioritaria de los destinos. Necesitamos entender que no se trata de algo alternativo sino más bien complementario que le da un valor agregado enorme a nuestra oferta.

Liderazgo e institucionalidad. Fortalecimiento de los sectores público y privado a nivel nacional. Descentralización real de la agenda y lucha contra la corrupción.

Este tiempo de pausa y de reactivación, de declaratoria de emergencia y visualización de realidades crudas a todo nivel, nos debería llevar a trabajar en el fortalecimiento de la institucionalidad para tener un sector más fuerte y con respuestas más rápidas a crisis como las que hoy afrontamos. Este trabajo se debe efectuar desde las bases, incluso desde el propio viceministerio de turismo y los gobiernos regionales. Hoy todos claman al Mincetur como mediador de “papá gobierno” y se disparan propuestas inmediatistas con desesperación. Se buscan soluciones inmediatas a cosas que venimos arrastrando años sin que nadie haya dicho nada antes. Hay quienes incluso “bypassean” al MINCETUR y se dirigen directamente al presidente Vizcarra cuando con quien deberían conversar y arreglar los asuntos sectoriales es con el ministro Vásquez pues para eso existen los ministros. Este tipo de actitudes demuestran la fragilidad institucional del sector turismo, la necesidad de protagonizar antes de buscar soluciones colegiadas, amplias y provechosas más allá del aplauso o la aparición mediática. Otro indicador de la poca institucionalidad existente es que muchos grupos de actores no ven en los representantes gremiales portavoces de sus posiciones o necesidades, intentando por su cuenta efectuar propias gestiones. Vale decir, todos los actores de los diversos niveles y condiciones no tienen representación en este momento de crisis y mucho menos confluencias de propuestas colegiadas con interlocutores únicos ante el Estado.

Estamos en tiempos donde ser útil es mejor que ser importante, ojalá lo entiendan los liderazgos gremiales y aprovechen esta crisis para poner las barbas en remojo, analizar su real representatividad y empezar la construcción, asistida por el Estado, de una verdadera institucionalidad del sector. Quizás sea momento de financiar procesos de fortalecimiento institucional del sector público y privado porque no es posible tener DIRCETURES con presupuesto operativo de 50 mil soles anuales, o Gremios que funcionen en la oficina del presidente de turno.

Financiar este fortalecimiento institucional podría darse tomando el 10% del fondo de promoción y desarrollo que hoy va a PROMPERÚ y Plan COPESCO Nacional. Con toda seguridad ese pequeño porcentaje invertido fortaleciendo instituciones tendría más impacto para el futuro que una obra de malecón que se caiga o una plaza de armas que se inunde, o quizás tenga mejor retorno de inversión que un vídeo de un cantante para atraer turistas que nunca llegan. Otra posibilidad es generar un impuesto a los juegos de apuestas electrónicas que hasta la fecha no están regulados, con ello se podría financiar no solamente proyectos de fortalecimiento institucional que incluya pasantías y giras de benchmarking para empresarios y funcionarios de todo el Perú, sino también compartirlo con el IPD para promover el deporte ya que la gran mayoría de apuestas son deportivas. El MINCETUR tiene una gran experiencia en temas regulatorios de los juegos de casino y máquinas tragamonedas, esto podría ser algo sencillo si se encuentra aliados en el legislativo que sean capaces de recaudar los votos suficientes para librar las batallas que en este tipo de casos oponen los afectados. Que el debut populista del nuevo y breve legislativo le sirva realmente al país, es ahora o nunca.

Formalidad, empresariado y empleo. Atención de diversidad de empresas del sector y de profesionales independientes privilegiando únicamente su aporte real y su formalidad no solo tributaria sino también en generación de empleo.

Finalmente es importante considerar que las medidas ya adoptadas por el gobierno nacional para aliviar la crisis en el sector turismo deben distinguir preferentemente a aquellas empresas que se encuentran en fases de inicio de operaciones, recuperación de capital o en expansión con reinversión. Debe llamarnos a reflexión también el hecho que muchas empresas que llevan años de operación y que son líderes en el mercado se declaren afectadas a tan solo un mes de suspensión de actividades, con el agravante que sus trabajadores terminen afectados o terminen buscando subsidios o medidas del gobierno inclusive con atención por encima de otros subsectores dentro del turismo que realmente lo necesitan. Quizás sea necesario y pertinente aprovechar el momento para pedirle al Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo MTPE un estudio serio sobre empleabilidad en el sector turismo, que nos permita saber cifras importantes como sueldos promedio, niveles de subempleo, desempleo o condiciones de trabajo. Esto quizás sirva para en una próxima crisis sepamos que subsectores del turismo merecen y requieren atención con medidas de subsidio o atención preferente. En esta misma línea, en Ministerio de Educación podría realizar un estudio sobre la oferta y demanda en la educación superior enfocada al turismo, y contrastar estos datos con el estudio del MTPE sobre empleo pues con ambos estudios podríamos dar muestras claras de reorientación de la oferta educativa y ver, posiblemente, las verdaderas causas de la informalidad y la precariedad en el empleo que hoy nos llevan a pedir auxilio ante la crisis, basta ver la realidad de los guías oficiales de turismo para intuir que la sobre oferta de profesionales y empresas operadoras nos dan condiciones precarias de empleo e incapacidad de generar ahorro. Ya que cerramos hablando de informalidad, quizás esta crisis resulte la aliada más efectiva de la Estrategia Turismo Seguro para acabar con las empresas informales, pero también podría convertirse en su peor enemiga si no tomamos acciones más allá de las tributarias y de subvención que han sido anunciadas, con un grave riesgo de tener un resurgir de la informalidad pero esta vez al estilo pandemia.

Cuéntanos lo que piensas

A %d blogueros les gusta esto: