“En muchos países la economía es subsidiada por el trabajo no remunerado de la mujer”

Cómo enfocar los problemas del desarrollo, el potencial de la economía del cuidado, de qué manera afrontar la discusión actual frente al futuro del trabajo y el papel de la mujer en el progreso de los países, fueron algunos aspectos abordados por la economista de origen indio Jayati Ghosh durante su visita a la Universidad Nacional de Colombia (UN).

Por: Álvaro Zerda Sarmiento, profesor,
Facultad de Ciencias Económicas – Universidad Nacional de Colombia

Su postura crítica frente a la ortodoxia económica y los temas del desarrollo, además de los aportes de sus investigaciones sobre mujer y economía, han convertido a Jayati Ghosh, docente e investigadora del Centro de Estudios Económicos y Planificación de la Universidad Jawaharlal Nehru, en Nueva Delhi (India), en una de las economistas más destacadas del mundo.

Para la profesora Ghosh el capitalismo es como un pulpo que se aprovecha de cualquier forma de inequidad social. foto: Nicolás Bojacá/Unimedios

Durante su visita a la UN –donde participó como invitada de la Cátedra Currie, organizada por la Facultad de Ciencias Económicas– UN Periódico conversó con esta integrante de la Comisión Nacional del Conocimiento, que asesora al primer ministro de la India, y ganadora en 2010 del “Premio de investigación sobre trabajo decente” de la Organización Internacional del Trabajo.

La profesora Ghosh considera que el pluralismo es uno de los factores esenciales para el desarrollo de las naciones. En ese sentido afirma que los países deben pensar en otros tipos de integración económica, que ofrezcan garantías de bienestar a sus ciudadanos, y que no solo beneficien el capital. Así mismo, la doctora de la Universidad de Cambridge se refirió al papel poco reconocido de la mujer en el desarrollo económico mundial, y al futuro del trabajo. 

UN Periódico (UNP): ¿en qué consiste el “malestar de la globalización”?

Jayaty Ghosh (J.G.): en el último cuarto de siglo la integración económica global ha significado un importante aumento del poder del capital en relación con el trabajo. Esto se ha expresado, por ejemplo, en que existen más entornos de inseguridad y menos capacidad para que las personas consigan empleos con buenos salarios, garantías laborales y acordes con su formación profesional. Además influye en los gobiernos para recortar en gasto público básico y bienestar social.

UNP: ¿de qué manera la arquitectura internacional afecta a los países en desarrollo?

J.G.: la arquitectura institucional es parcialmente la del comercio. Por ejemplo, tanto la Organización Mundial del Comercio, como los acuerdos regionales, bilaterales, etc., los exponen a flujos muy volátiles y crean una identidad cortoplacista por parte de los inversionistas. Todo ello reduce dramáticamente el espacio disponible para hacer políticas en los países en desarrollo.

UNP: en este escenario, ¿qué estrategias pueden implementar los países menos desarrollados?

J.G.: la historia nos ha enseñado que ningún país desarrollado se industrializó sin crédito y sin una política industrial. El desarrollo de Gran Bretaña, Alemania, Japón y Estados Unidos se dio gracias a ello. Países como Corea del Sur, Malasia o China tuvieron un espacio político que les permitió realizar tareas que otros países en desarrollo no han podido ejecutar. Sin embargo algunos países como China están afrontando las consecuencias de la apertura de su sector financiero al capital mundial y les está costando cambiar su estrategia hacia actividades con mayor valor agregado. Algo similar sucede en India, donde después de 30 años de políticas económicas neoliberales y crecimiento muy rápido del pib no hemos sido capaces de diversificarnos más. Por su parte, Latinoamérica tiene una industrialización prematura debido en parte a la combinación de economías más abiertas y a la incapacidad para aplicar estrategias utilizadas en otras latitudes.

UNP: ¿y los tratados de libre comercio?

J.G.: la mayoría de los cambios provocados por ellos suceden en el marco regulatorio. La competencia se da en las fases de producción, por lo que todos los países productores de bienes compiten desesperadamente entre ellos. Tal situación provoca mayor concentración de valor y ganancia en el centro y menor en la periferia, pues los acuerdos otorgan mayor poder a la propiedad intelectual. Por ejemplo el iPhone, cuyo costo de producción en China es de menos de 10 dólares, se vende por 700 dólares; las ganancias van para Apple, no para los productores chinos. Por eso los tipos de integración económica no deben privilegiar el capital por encima de los trabajadores.

UNP: sin embargo el modelo de desarrollo de muchos países de Latinoamérica está basado en el extractivismo…

J.G.: el boom de las materias primas básicas obliga a los países a buscar ventajas competitivas en el mercado, y si tienen recursos minerales, pues eso es lo que exportan. En América Latina y África esta “apuesta” ha significado un estancamiento de sus economías. Además, el extractivismo que se realiza está concentrado en regiones geográficas en las que habitan comunidades con poca “voz” política. En India, mucha de la extracción mineral se hace en áreas predominantemente tribales, es decir comunidades étnicas menos desarrolladas. Algo similar sucede en Ecuador y posiblemente en Colombia y Bolivia, en donde las regiones con importantes recursos mineros están habitadas por comunidades étnicas con poca participación y representación política. 

UNP: ¿qué papel tiene la mujer en todo este escenario?

J.G.: lo que vale la pena saber, y generalmente no es reconocido, es que la mayoría de las economías en los países en desarrollo es subsidiada por el trabajo no remunerado de la mujer en sus viviendas y comunidades. En mi país, la participación de la fuerza laboral de la mujer es tan solo del 24 %, una de las más bajas del mundo. Sin embargo si se cuenta el trabajo no remunerado, parte de la economía del cuidado, o sea la labor doméstica, la educación de los niños, el cuidado de los ancianos y otras actividades como cocinar, limpiar, ir al mercado, conseguir agua y leña, el 86 % de las mujeres lo realizan. ¡Trabajan más que los hombres!

UNP: ¿cómo afrontar la discusión actual en torno al futuro del trabajo?

J.G.: existe preocupación por la incertidumbre que están generando los avances tecnológicos, situación que afectó primero a la industria y ahora al sector de servicios. Diría que debemos distinguir entre dos tipos de tecnología: una, a la que llamo productiva, que es precisamente la que desplaza el trabajo, pero que casi es comprensible porque la sociedad evoluciona gracias a la innovación. A la otra la llamo disruptiva, y por ella sí que debemos preocuparnos puesto que genera cambios en la organización y la producción. Por ejemplo, con Uber (transporte privado) o Airbnb (turismo), las personas ven grandes ventajas, como mayor oferta, ahorro o beneficio económico. Sin embargo lo que está sucediendo realmente es que se está desplazando la relación entre el empleador y el trabajador con un supuesto discurso de trabajo independiente que escapa de las leyes laborales. Son una muestra de cómo la tecnología está facilitando una reversión hacia prácticas que existieron en el siglo XIX, cuando la relación empleador-trabajador no estaba regulada.

UNP: en estos nuevos escenarios, ¿qué futuro tiene la llamada economía del cuidado?

J.G.: lo bueno del cuidado es que no se pueden utilizar las nociones estándares de productividad: si tratas de maximizar el número de pacientes, reduces la calidad, por lo que si se quiere preservar la calidad se debe mantener una cantidad razonable de trabajadores. He realizado un ejercicio estadístico muy básico tomando como ejemplo a Suiza. Para ello tomé la cantidad de población atendida por trabajador de la salud, y la de niños y ancianos atendidos por ellos; apliqué las proyecciones de población de las Naciones Unidas para 2030 y encontré que se necesitarían unos 630 millones de trabajadores del cuidado en el mundo. Esto haría de la economía del cuidado una importante fuente de empleo, eso sí, siempre y cuando esté regulada.

UNP: como profesora de economía sabe que la corriente principal no toma en cuenta estos aspectos, ¿qué puede hacer la academia para afrontar los nuevos retos?

J.G.: como profesión la economía tiene mucho porqué responder. En los países del norte ha sido un agente especial del capital global. Las teorías económicas que intentaron advertir las crisis financieras recientes fueron ignoradas y suprimidas por el establishment. Pero en la actualidad los jóvenes de muchas universidades están reaccionando. En Europa se ha conformado un movimiento bastante activo, llamado “la economía del mundo real”. Tanto en India como en los estudiantes de la Universidad Nacional de Colombia he visto un gran cuestionamiento hacia lo que está sucediendo en la actualidad.

UNP: ¿hay esperanza?

J.G.: ¡por supuesto que sí!

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