Más que una sátira

“Don’t Look Up” la nueva película de Netflix ha logrado que la mayoría de las personas que se la ven comparen el filme con la realidad de su gobierno, sea nacional o local. Y no estoy hablando de Colombia, sino de todo aquel que se la haya visto sin importar su nacionalidad.

La película es una sátira ante la sociedad y el gobierno, que refleja tan bien, tan exacta la humanidad actual, que lo primero que hace la gente es la comparación con su realidad. He visto en Instagram mucha gente comparando en imágenes los personajes de la película con sus políticos, en Brasil ha sido muy notorio este proceso, el portal de noticias de entretenimiento más importante de Brasil, Hugo Gloss, con más de 19 millones de seguidores hizo en Instagram el símil. Es necesario destacar que la mayoría de las comparaciones son generalmente con gobiernos de derecha.

Para mí fue inevitable, no solamente trasladar la sátira de la película a Colombia sino también a Cartagena de Indias. De hecho, ya algunos de mis contactos lo han hecho en redes sociales. Pero, más allá de ser broma y de parecer gracioso el asunto, es triste y preocupante que esa sea nuestra realidad. Y es precisamente esa trivialización de los sucesos graves que afecta a los ciudadanos lo que más se critica en la película.

Convierten los problemas sociales, la corrupción y la violencia en memes, reduciendo a nada la gravedad e importancia de los sucesos, transforman una realidad importante y difícil, que requiere acciones contundentes, en una broma. No sólo los medios de comunicación, sino la sociedad en general, sin importar la edad. Mientras eso sucede, los medios de comunicación convierten en noticia, cosas que no lo son, desviando la mirada del público y centrando la atención de la gente en cosas absurdas y superficiales, que no son noticia y no son importantes. Sobre eso escribí recientemente en mi columna ‘El cinismo de las noticias en Colombia’.

En Cartagena de Indias, estamos viviendo desde hace dos años nuestro propio “Don’t Look Up” o “no mires arriba” y tenemos varios ‘meteoritos’ que nos caen encima, nos aplastan socialmente y nos reímos mientras sucede.

¿Quién es nuestra Janie Orlean?

Nuestro alcalde, William Dau es la personificación masculina del papel que interpreta espléndidamente Meryl Streep, quien es Janie Orlean, la presidenta de los Estados Unidos, una mujer frívola, inepta, incapaz y desconectada de la realidad, que evidentemente no sabe gobernar un país.

Exactamente así es el alcalde Dau, frívolo, vacío y para mí él sufre de algo que se llama trastorno histriónico de la personalidad (histeroide o THP). Las personas que padecen de esto necesitan constantemente ser el centro de atención, una necesidad excesiva de aprobación, quieren sentirse alabados y populares. Son excesivamente animados y dramáticos, le gusta hacer apariciones inapropiadas y llamativas (define Wikipedia), expresan sus emociones de manera excesiva, sobreactuada e intensa. Son egocéntricos y hedonistas.

William Dau gobierna según la dirección que marque la brújula de su ego, ineptitud y frivolidad. Entonces vemos como todo lo vuelve un show, cualquier declaración que realice para comunicarle algo a la ciudadanía la convierte en un acto histriónico, en una payasada, porque ni siquiera es buen actor. Es evidente lo sobreactuado, fingido y poco natural que es lo que hace y dice, desde ese saludo de “holis”, hasta los gestos imbéciles que hace con la mano, trata de ser una mezcla de osito cariñosito o Barney, con reguetonero influencer, pero al final es burdo y patético.

La trivialidad, la insensatez y la incapacidad se devoraron a la alcaldía y por ende a Cartagena. El alcalde ve como super “logros” de su gestión, que colocó inmensas luces por todo el centro y los barrios y lo cataloga como el mejor alumbrado Navideño que jamás haya tenido Cartagena”, también mostró con orgullo que mandó luces navideñas para los corregimientos. “Atiborró” a Pontezuela de luces, coloco las fotos, lleno de orgullo, en redes sociales ¿Y es qué acaso en Pontezuela comen foquitos de navidad? Este año, los habitantes de este corregimiento salieron a protestar porque no tienen alcantarillado y las condiciones de vida son terribles. En Pontezuela no existe el estrato dos, toda la población es estrato cero o uno. Lo cual indica que sus habitantes se encuentran en pobreza extrema.

Pero, para el alcalde de Cartagena eso no es importante, lo único que vale la pena destacar es que Pontezuela tiene alumbrado navideño.

Para silenciar y desviar la atención sobre la muerte por dengue de niños y adolescentes, principalmente en los barrios cercanos y aledaños a la perimetral, William Dau va y arma fiesta navideña, se sube en una tarima a bailar, saltar y decir estupideces, repartiendo detalles y refrigerios a los niños. Cuando en realidad lo que todos esos niños necesitan es protección en todos los aspectos, que le sean garantizados sus derechos, que haya comida en su mesa, que no se enfermen de dengue ni de otras patologías que se pueden prevenir, que tengan ambientes seguros, libres de violencia y explotación, que reciban educación escolar de calidad. Pero nada de eso le garantiza ni le da el Distrito de Cartagena a los niños vulnerables de la ciudad.

Cartagena es la ciudad con mayor número de casos por dengue en el país e históricamente, de acuerdo a El Universal, las cifras de casos y muertes por dengue de 2021 son las más altas desde que se tienen registro en la ciudad. Citando al diario local, de la semana del 12 al 18 de diciembre. se reportaron 7.218 casos de dengue, 10 muertes confirmadas y 9 en estudio. El Universal afirma que podrían ser muchos más los casos, que hay un subregistro y un problema en las estadísticas, que existen nos 70 mil casos que no estarían registrados.

El alcalde dice que está pendiente de los reportes y que seguirá trabajando. Hizo una transmisión en vivo donde dijo que va a vacunar a los mosquitos que transmiten el dengue, lo cual causo gracia e indignación entre los ciudadanos. Creo que cada una de las estupideces que dicen son fríamente calculadas, para lograr centrar la atención en un punto polémico, que sea “jocoso” y que desvíe la mirada de lo importante. Siete días antes que Dau fuera a bailar villancicos en una tarima en Olaya Herrera, una madre de ese barrio había perdido a sus dos hijos debido al dengue. Pero para William Dau y su gabinete el show no se detiene, no puede parar, como se bajen de la “tarima”, de la escenificación que hacen de todas sus acciones de gobierno, quizás los cartageneros miren hacia arriba y se den cuenta que los va a aplastar el meteorito de la incapacidad gubernamental del alcalde.

E igual que en el filme, cuando el mediocre gobierno se siente atacado, porque los ciudadanos se dan cuenta de los errores e incapacidad, empiezan a reclamar acciones reales por parte de sus gobernantes, estos funcionarios públicos se hacen las víctimas. Así responden la exigencia de un pueblo que pide respuestas y acciones, el gobierno se convierte en víctima, utilizando las mismas técnicas que vemos en la película: existe un complot para dañar al gobierno, todo es mentira y manipulación de los que le quieren quitar el poder, se inventan conspiraciones. En Cartagena le colocaron nombre: los huérfanos de poder quieren dañar a los honestos. Y utilizan otra técnica clásica: la culpa es de otro, el típico “yo no fui”. Eludiendo con esa excusa infantil la responsabilidad que tienen sobre los problemas, heredados o no, que tiene la ciudad que gobierna.

¿Tenemos un Jason Orlean?

Entonces, William Dau es la versión masculina de Janie Orlean, ella en la película tiene a su jefe de gabinete, quien es su hijo, quien es interpretado por Jonah Hill. La labor de Jason es aconsejar a la presidenta sobre todos los asuntos de gobierno y ayudarla a llevar a cabo las acciones necesarias para solucionar los problemas que se le presenten en su cargo. Pero Jason, es más frívolo, inepto y desubicado que la propia presidenta, lo cual empeora toda la situación.

Lo grave de Cartagena es que tenemos más de cuatro Jason Orlean ubicados en diferentes áreas del gobierno distrital y que gracias a su ineficiencia, despotismo, ineptitud, mediocridad e irresponsabilidad llevan a Cartagena directo al abismo.

El primer Jason Orlean de Cartagena es el secretario del interior David Múnera Cavadía. El secretario del interior es un ente inoperante, que ignora y justifica la inseguridad que vive la ciudad, que excusa la intolerancia que llena de violencia a Cartagena. Munera con sus acciones y discurso intenta normalizar la inseguridad y la violencia, intentando que veamos ambas situaciones como algo normal e inevitable, frente a lo que no hay mucho que hacer.

Se leen y escuchan expresiones de Munera, otros funcionarios y del mismo alcalde justificando la inseguridad con la excusa de que la violencia ocurre en toda Colombia y el mundo. Y vemos como responden cosas absurdas ante las situaciones como la de la embajada de Estados Unidos y sus repetidas recomendaciones a sus ciudadanos sobre viajar a Cartagena.

En la película se puede observar cómo Jason Orlean constantemente lanza comentarios e ideas clasistas, mensajes discriminatorios, menosprecia a los pobres, a la comunidad afro e inmigrantes, quitándoles a todos la categoría de personas, reduciendo sus derechos y existencia a menos que animales.

En Cartagena la dupla Dau- Munera hacen exactamente lo mismo que Jason Orlean, un menosprecio por la clase trabajadora; la Cartagena insegura es la de los barrios tenebrosos que no son turísticos, los cuales no deberían ser visitados por nadie, esos barrios que Dau cataloga como “tenebrosos” y extremadamente violentos, no sólo son los más pobres de la ciudad, son todos aquellos de estrato 4 para abajo. En su declaración Dau llama ‘antros’ a los barrios de Cartagena que no pertenecen al área turística.

En todas las declaraciones de Dau y Munera vemos un menosprecio por los barrios de estrato tres para abajo, clasificando a las personas que viven en estos sectores como peligrosas, pidiendo a la comunidad y a los turistas que eviten el resto de Cartagena, reduciendo la ciudad a los barrios de estrato cinco en adelante. Las declaraciones de ambos (Munera y Dau), la forma como se refieren a la Cartagena no turística es clasista, racialmente discriminatoria y segregadora. Al alcalde se le olvida que el pueblo que lo eligió es el de los “barrios tenebrosos”, se le olvida que esa es la verdadera Cartagena, porcentualmente hablando es más de 70% de la ciudad.

Pero el pueblo cartagenero sufre de una especie de Síndrome de Estocolmo, los maltratadores Dau, Munera y el resto del gabinete, menosprecian a la ciudadanía, la tratan mal, durante este año Dau no sólo ha ofendido a Cartagena, llamando tenebrosos a los barrios, sino que ha dicho que el cartagenero sólo sirve para obrero y otra sarta de expresiones de humillación y discriminación hacia una parte de la ciudad. Y al residente de La Heroica parece no importarle nada de esto, no se inmuta, todo lo contrario, lo aplaude y justifica. Dau solamente necesita sacar un video donde haga una payasada o ponerse a bailar y cantar villancicos para que al pueblo se le olvide.

El asunto es aún más grave, porque no se reduce a palabras, sino a acciones y omisiones de su gobierno que han desencadenado “meteoritos” inolvidables. La prostitución y la trata de personas en una realidad latente en la ciudad, el sicariato cada día mas recrudecido, los actos de intolerancia entre ciudadanos, la violencia contra mujeres y niños, siguen desaparecidas varias personas y las autoridades no dan respuesta a sus familiares, como la niña Alexandrith Sarmiento, Crixa Ruiz Cardona, Omar Salguedo Pautt y Natalia Buitrago.

Pero Munera no es el único Jason Orlean del distrito, tenemos a la directora del Dadis Johana Bueno, cuya gestión es deplorable, es más fácil verla cantar en redes sociales que hacer una declaración sería, coherente y profesional frente a los problemas de salud de la ciudad. No asume su rol y permite que el alcalde explique, con suma estupidez, los temas de salud que agobian a Cartagena. La incompetencia de la señora Bueno es sólo superada por Munera. Tantas muertes de menores que se pudieron evitar y tantos casos que se pueden prevenir si tan solo ella y su equipo de gobierno trabajarán con responsabilidad. Ella es una de las especialistas en “echarle la culpa a otro”, son las IPS, dice la señora Bueno.

Y la lista de los Jason Orlean dentro del distrito es larga y penosa, cual de ellos es más cretino, inepto, frívolo e inútil. Está Luis Villadiego, el secretario de infraestructura, que ha convertido a la ciudad en una obra chambona sin terminar, puentes, calles, andenes… todo lo que toca lo daña, obras de mala calidad, quizás, sólo con el objetivo de mostrar que algo se está realizando.

Todos los secretarios generales que han pasado, Diana Martínez Berrocal que armó su drama novelesco cuando le abrieron procesos en diferentes ías, asumiendo un rol de víctima, señalando complots y conspiraciones, ella era “víctima de los huérfanos de poder”. Al mejor estilo de Jason Orlean, salen a defender todas las irregularidades que saltan a la vista. Ser la víctima y señalar como malo al que denuncia, se queja o reclama lo correcto.

¿Tenemos un The Daily Rip?

¡Claro que sí! Nuestro diario local, El Universal, que se ha dedicado a festejar, alabar y difundir todas las payasadas que hace el alcalde y su equipo. Inolvidable el día que elogiaron al alcalde porque bailó imitando a un reloj, cuando promocionaba en vídeo su cuenta de Tik Tok. También el día que aplaudieron con humor como el alcalde imitaba sonidos de tractores y maquinarias de construcción, mientras que a nivel nacional fue motivo de todo tipo de burlas, nuestro diario local destacaba el hecho como algo jocoso.

El Universal ha mostrado muy poco sentido crítico e investigativo ante la realidad de la ciudad, se ha encargado de trivializar los hechos realmente importantes. Y en muchísimas ocasiones no ha dado despliegue ni profundidad a temas álgidos de Cartagena.

Parece que El Universal despertó, miró para arriba, porque en estos últimos seis meses ha abordado con más sentido crítico e investigativo problemáticas como la pobreza, el dengue y temas ambientales. No sé si por un giro editorial o porque ya es tan evidente la incompetencia del gobierno, que simplemente ya no se pueden hacer los de la vista gorda.

Y por supuesto que tenemos nuestros Brie Evantee y Jack Bremmer, pero en redes sociales, una gran cantidad de influencers que trabajan en redes para viralizar, aplaudir y alabar todas las payasadas que hace el alcalde y su equipo. La lista es larga y no merecen mención.

¿Y los astrónomos que anuncian el meteorito?

Cartagena también tiene sus Randall Mindy y Kate Dibiasky. Somos todos aquellos que, por distintos medios, ponemos en evidencia la incompetencia del gobierno distrital frente a casi todas las problemáticas que vive la ciudad. No nos quedamos callados, exponemos la falta de gestión e irregularidades. Muchos somos comunicadores en medios independientes, otros son profesores universitarios en sus redes, veedores de fundaciones, profesionales de distintas áreas. Todos decimos a nuestra manera “Oye, mira para arriba”, y cuando eso sucede, Dau sale cantando un villancico en inglés y bailando ridículamente, para que se te olvide mirar para arriba.

Es muy triste y atemorizante que podamos ver reflejada la realidad de Cartagena y de Colombia en la película de Netflix, “Don’t Look Up”.

Este filme es un reflejo de nuestra realidad ¿Quién eres dentro de la película? Eres de los que miran para arriba o de los que se niegan a levantar la mirada y prefieren ver a la presidenta haciendo pendejadas sobre una tarima. La mala noticia es que a todos nos va a aplastar el meteorito, al menos que bajemos de la tarima al payaso y exijamos que el curso de los acontecimientos se enderece hacia la sensatez.

PD: no me olvidé de Peter Isherwell, el millonario que lleno de avaricia acaba con la humanidad… Cartagena está llena de Isherwell, en cabeza de los gremios que en ocasiones “patrocinan” las payasadas del gobierno local. Pero ese es un tema, mucho más extenso y espinoso.

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