La maldición de Hill House

Me terminé la serie de Netflix “La maldición de Hill House”, pensé al inicio que era la típica historia sobre una casa terriblemente embrujada, llena de monstruos fantasmales que posiblemente me harían gritar del susto. Pero no, no es esa la historia, efectivamente es sobre una casa embrujada y maldita, con fantasmas muy inusuales pero tiene mucho más que eso. La serie está inspirada en la novela gótica The Haunting of Hill House de Shirley Jackson.

Podría compararla con la película “Sexto sentido” de M. Night Shyamalan, su terror es magistralmente tenue y a medida que avanzas empiezas a comprender lo que en realidad ocurre. Al final te queda ese sabor de miedo sutil porque una realidad así es aterradora, porque te preguntas si al morir las cosas podrían ser así; la serie genera incertidumbre y asombro.

Mientras a la vez sientes ternura, se te arruga el corazón y también te palpita fuerte de miedo, Hill House te produce sentimientos encontrados, toda la gama de ellos; algo bastante inusual ante una serie clasificada dentro del terror.

Definitivamente no te vas a asustar porque se te vayan a aparecer los fantasmas del programa, sino por la incertidumbre al pensar ¿Así podría ser el después de la muerte? O ¿Eso les pasa a algunos después de la muerte?

Desde el inicio me sentí identificada con la serie, también viví en una casa embrujada, con fantasmas… aunque muuuuy diferentes a los del programa (afortunadamente), quizás el del sombrero por su apariencia era el único parecido, no me gusta escribir sobre los fantasmas de esa casa, cuando vivo en una casa diferente, quizás porque al recordarlos se muden de casa… a demás ese no es el tema de este post… no debo divagar.

En “La Maldición de Hill House” no encontrarás fantasmas asesinos sangrientos, adrenalina y emoción por la próxima aparición terrorífica. Hill House sorprende porque se sale de los estándares de este tipo de series.

Me encantó el casting, los personajes cuando eran niños y cuando eran adultos son muy parecidos física y expresivamente. Todos logran una excelente interpretación. La serie hace que empaticemos con cada uno de los personajes, porque, aunque en corto tiempo nos muestra la esencia tan humana de cada uno de ellos.

Algunos dicen en sus críticas sobre la serie que está compuesta de continuos flashbacks, no lo veo así, para mí no hay línea de tiempo. Todo sucede en el mismo momento; no hay un atrás o un adelante, es un simultáneo, son una especie de elipsis temporales. El tiempo es un espiral entrelazado, simplemente pasas de un momento a otro, no lo llamaría ni pasado ni futuro, sino de un momento a otro.

El argumento y la construcción de la serie está hecha de la misma manera como en el capítulo final el personaje de Nell Crain define el tiempo: “Todo estaba fuera del orden. Como el tiempo. Siempre creí que el tiempo era una línea y que los momentos eran como piezas de dominó, que se caían una sobre otra, una y otra vez. Que día tras día una ficha tumbaba la siguiente y así… en una línea larga entre el comienzo y el final. Pero me equivoqué, nada es parecido, nada es como un dominó. Los momentos van cayendo a nuestro alrededor como la lluvia, como la nieve o el confeti”.

Una definición del tiempo sencillamente hermosa y que manifiesta un poco la esencia de la serie.

Imperdible “La maldición de Hill House”.

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