Los carros no son los malos

La muerte de alguien es un hecho doloroso y lamentable. No hay, a mi juicio, una muerte más importante que otra. A toda la familia y amigo del difunto les duele con el alma su pérdida.

Recientemente en las noticias registraron la muerte de una joven ciclista que fue arrollada por un vehículo. Su juventud y proyección como ser humano le duele al país.

Al respecto siempre me ha costado entender por qué a los colombianos nos duelen unos muertos y otros simplemente pasan desapercibidos, algunos muertos hacen parte del paisaje nacional. Algo triste y vergonzoso para nuestra sociedad, pero es la verdad, nuestra verdad.

Pero hoy no escribo sobre nuestra indolencia frente a muchas cosas y nuestra indignación espumosa frente a otras. Lo que me motiva a escribir en esta ocasión es ese asunto de las bicicletas y vehículos.

Hace tiempo tenía en mente escribir al respecto, pero las cosas diarias de la vida inconscientemente hicieron que fuera postergando el tema.

La muerte de la joven ciclista despertó en el país voces de protestas, políticos que proponen leyes que protejan a los ciclistas y en Twitter una polémica sobre el uso del carro y lo dañinos que son para las personas que viajan en bicicletas.

Todo lo que he leído en redes sociales tiene un punto en común, el vehículo es el malo y el que maneja el carro siempre tiene la culpa.

No sé si el vehículo que arrolló a la joven tuvo la culpa o no. No conozco al conductor, este escrito no es una defensa hacia esa persona. No sé si en este caso es o no culpa del que conducía el vehículo.

Pero, aislándonos un poco de este caso en particular, ante cualquier accidente entre carros y bicicletas, siempre se da por hecho que el conductor del vehículo tuvo la culpa.

Desafortunadamente esa es la percepción social, el conductor del vehículo es imprudente, es el que no respeta al ciclista y prácticamente quiere atropellar al ciclista. Un pensamiento colectivo, falso y sensacionalista.

A ninguna persona promedio normal, que conduce su vehículo le gusta accidentarse. La gran mayoría conduce con el objetivo de ir y regresar a sus destinos sin inconvenientes.

Que alguien muera en un accidente no sólo es un hecho doloroso y una tragedia para la familia del difunto, sino para aquellos que están vinculados con el accidente.

El conductor del vehículo que se accidenta con un ciclista, que resulte muerto, comienza a vivir una tragedia en todos los niveles de su vida.

Una tragedia legal, porque desafortunadamente, siempre el que maneja el carro es considerado el culpable y el responsable de la muerta. Comienza un proceso legal en el que debe probar su responsabilidad.

Una tragedia social, porque es el señalado como asesino, sin saber si fue el que ocasionó el accidente o no. Para todos es el culpable de la muerte de alguien. Y en ocasiones no solo señalan al conductor sino a su familia. Exposición negativa en medios, señalamientos, bullying y todo lo que viene con eso.

Una tragedia moral, porque saber que alguien muere y que de una manera u otra se está relacionado con este fallecimiento no es algo fácil. Cargar la muerte de alguien en la mente y en el corazón es un proceso traumático, de difícil superación y que deja una marca en la vida del conductor del vehículo.

Aunque el que maneja no haya ocasionado el accidente, siempre va a tener en su mente preguntas ¿Y si no hubiera cogido por esa vía? ¿Y si hubiera hecho esto? La tragedia moral del conductor del vehículo es algo que va a quedar para siempre en su vida.

Frente a todo este tipo de situaciones, pienso que hay que mirar los hechos desde todos los ángulos, antes de señalar, acusar, suponer o dar por sentado algo.

Yo he visto muchísimas veces como los ciclistas cometen imprudencias, de hecho, es algo que observo constantemente; son menos los hechos que veo donde la imprudencia es del conductor y más de los ciclistas.

Son las vías de nuestras ciudades las que ocasionan las imprudencias de ambos lados. Calles estrechas, donde es imposible que existan las distancias mínimas entre ciclistas y vehículos.

Nuestras calles, carreteras y vías no están hechas para que bicicletas y carros puedan transitar con seguridad. Vivimos, en el caso de Cartagena, en una ciudad con un incremento de ciclistas y sin ciclorrutas en los lugares donde se necesitan.

Decenas de ciclistas suben Cartagena -Turbaco, por una carretera sin ciclorruta, sin andenes, sin iluminación. Es en la noche y en la madrugada cuando realizan sus recorridos.

El país no necesita más leyes que castiguen a los conductores de carros. Colombia necesita una infraestructura vial que permita que todos en la vía, vehículos, bicicletas, motos y peatones puedan transitar seguros, porque existen los espacios para todos. Luces, señalización, ciclorrutas, carriles con los metros requeridos…

En vez de estar anunciando leyes de castigo, anuncien una inversión en este sentido.

Montería, por ejemplo, sus gobernantes llevan décadas creando una ciudad sostenible en la que puedan convivir vehículos y bicicletas. Montería tiene las ciclorrutas que Cartagena no posee.

Los políticos necesitan menos bla bla bla y más acción eficiente. De nosotros como ciudadanos se requiere prudencia, respetar la normativa vial y, sobre todo, no condenar o estigmatizar a nadie sin tener la certeza de su responsabilidad.

Esto último hay que aplicarlo en todos los niveles de nuestra vida.

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