Las dificultades de trasladar la enseñanza a casa en Indonesia

Por Ahmad Pathoni y Carola Frentzen (dpa)

Aldina y tres de sus compañeras de clase se inclinan sobre sus libros de texto, equipadas con máscaras y viseras de plástico y un teléfono inteligente que les conecta con su escuela en Bogor, cerca de la capital de Indonesia, Yakarta.

Las chicas asisten a clase a cielo abierto, junto a un río, porque la cobertura wifi y telefónica es demasiado débil en muchas casas de esta zona densamente poblada como para acceder al material en línea necesario para seguir las clases desde casa.

Alumnos de la Junior High School estudian a cielo abierto frente a una casa a orillas del río Ciliwung, en Indonesia. En el país insular hay 60 millones de niños que prosiguen sus estudios por Internet durante la pandemia, pero al no contar muchos con acceso digital en sus hogares, deben hacerlo reunidos en grupos fuera de las casas. Foto: Ahmad Pathoni/dpa

Debido a la propagación del coronavirus, las escuelas en el país insular más grande del mundo están cerradas desde hace meses. Indonesia está gravemente afectada por la pandemia.

A diferencia de otros países, donde los alumnos ya están empezando a regresar a las escuelas, todavía no está claro cuándo se reanudará el curso en Indonesia.

La educación en casa es complicada incluso en ciudades más grandes como Bogor, en Java, la isla principal. Para tener conexión, los niños a veces tienen que buscar un lugar adecuado durante mucho tiempo, como junto al poco profundo río Ciliwung.

Las tabletas no están muy extendidas, por lo que el smartphone es la herramienta básica, incluso cuando solo haya uno para cada cuatro niños. En la isla de Sumatra es todavía peor, porque allí, en muchos lugares, los estudiantes tienen que caminar kilómetros o subirse a alguna colina para conseguir cobertura.

Aldina (izq.) y otros escolares estudian a cielo abierto frente a una casa a orillas del río Ciliwung, en Indonesia. En el país insular hay 60 millones de niños que prosiguen sus estudios por Internet durante la pandemia, pero al no contar muchos con acceso digital en sus hogares, deben hacerlo reunidos en grupos fuera de las casas. Foto: Ahmad Pathoni/dpa

«No es fácil para nosotros aprender online», dice Aldina, de ocho años. La mala recepción no es el único problema, agrega su madre Nur Aida. «Recargar constantemente el saldo del teléfono móvil de prepago supone también un gran coste para nosotros. No siempre tenemos dinero para eso», se lamenta la mujer de 42 años.

Los padres tienen que soportar la carga principal de la educación en casa. Recientemente, los medios de comunicación locales informaron sobre un hombre que fue detenido por robar un teléfono móvil en Java Occidental. En su defensa dijo que lo robó para asegurar la educación de su hijo.

El Ministro indonesio de Educación, Nadiem Makarim, subrayó que era consciente de las dificultades. «La situación es un desafío para todos nosotros, y simpatizo tanto con los padres como con los estudiantes que tuvieron que adaptarse bruscamente a este formato de aprendizaje diferente», dijo, aunque, sin embargo, añadió que solo había dos opciones: «Aprender en malas condiciones o no aprender nada».

Estudios demuestran que unos 60 millones de niños y jóvenes indonesios están afectados por la situación en todo el país.

El Ministerio de Educación tiene la intención de presentar pronto un nuevo plan de estudios, adaptado a la nueva situación. «Es una versión drásticamente simplificada que se centra en las competencias básicas», explicó el ministro Makarim.

Sólo alrededor del 65 por ciento de los 265 millones de habitantes del país más poblado del Sudeste Asiático tiene acceso a Internet, según cifras oficiales. Sin embargo, la situación mejoró gracias a la importación de modelos chinos de teléfonos inteligentes asequibles y a unas tarifas de datos más baratas.

La conexión a Internet por fibra óptica sigue siendo la excepción. En las zonas rurales, los maestros tienen que viajar hasta 30 kilómetros para entregar personalmente las lecciones y los deberes a sus alumnos. En Indonesia, el «e-Learning» sigue siendo un concepto futurista.

«Si los problemas persisten hasta la reapertura de las escuelas, es muy probable que los alumnos menos favorecidos sufran una pérdida de aprendizaje», según un estudio del renombrado Instituto de Investigación Smeru de Yakarta. «También aumentará la desigualdad entre los alumnos de distintos orígenes socioeconómicos», remarca el informe.

Desde el comienzo de la pandemia, se confirmaron unas 130.000 infecciones en todo el país. Cerca de 6.000 personas fallecieron a causa del virus.

Aunque no se espera una disminución en el número de afectados por el coronavirus, la mayoría de los indonesios querría que las escuelas abrieran pronto. Según un sondeo del instituto demoscópico Cyrus Network, alrededor del 80 por ciento de los encuestados se mostró a favor de la reanudación de las clases presenciales.

dpa

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