LAS 3 LANCHAS DE LA ARMADA NACIONAL

Hace poco me comentó un lector por acá que tengo bastantes lectores en Venezuela, algo que me tomó por sorpresa. Sabía que me leían en cadenas de Whatsapp diseminadas por todo el país y tal, y por ahí me llegan mensajes de vez en cuando de colombianos que viven en diversos países, pero desconocía de la buena aceptación que, al parecer, gozan mis notas en el vecino país, un país con el que siempre me he llevado bien, a pesar de haber siempre existido en Colombia cierto sentimiento anti-venezolano.

Hoy, voy a usar esa supuesta audiencia venezolana que tengo para “conducirle” al Presidente Nicolás Maduro Moros una petición personal para que nos devuelva las 3 lanchas de la Armada que dizque se soltaron en el Vichada y terminaron en Venezuela.
Si Maduro conociera a la Armada Colombiana como yo la conozco, hasta creería en esa historia.
Francamente, yo le creo a la Armada. Dudo que alguien en la Armada haya “invadido” Venezuela desde el Vichada, y por otra parte, la Armada de Colombia es menos siniestra que el Ejército Colombiano. Además, estos marinos nuestros parecen marinos de una Marina Mercante, no de una de guerra.

Hace 5 años fui a una reunión en la Escuela Naval con mis compañeros de contingente para conmemorar los 25 años de nuestro ingreso a la Armada, y nos hicieron una presentación de la “Nueva Armada” del post-conflicto y tal, y después de la presentación, a mi se me ocurrió hacer la pregunta equivocada. De acuerdo al capitán que nos hizo la presentación, la Armada tenía varios programas: académicos, sociales, civiles, etc.., y yo, que crecí leyendo sobre las batallas de Nelson, Jellicoe y Halsey, tuve la osadía de preguntar: “Muy bueno todo eso pero, ¿saben estos marinos combatir?”

¡Para que fue esa vaina! Me cayó todo el mundo encima, que si belicoso, que si militarista, “que “Pipe” esta muy agresivo”, y yo todavía no entiendo que fue lo que pregunté que estuvo mal. ¿No se supone que una marina de guerra debe saber cómo combatir? Aparentemente, no en Colombia.
Cuando tú te juntas con un grupo de oficiales de la Armada de Colombia es como juntarse con una pandilla de amigos de la universidad, la misma vaina, tú no percibes por ningún lado el rigor militar. Hay algo de marcialidad (“¡Si, mi capitán!”, “¡Negativo, mi capitán!”), pero, en realidad, hay muy poco militarismo. Una tarde hablando mierda con un grupo de oficiales de la Armada colombiana se va en historias jocosas sobre el servicio y sobre maricadas triviales, como por ejemplo, fiestas y reuniones. El oficial naval colombiano es bastante sociable, muy de “club”, tenis y navegación a vela.
Mucho chisme también. Que si Fulanito rayó la corbeta parqueandola en el muelle, que sultancito se trajo un televisor de 60 pulgadas en El Gloria, que si a perencejo lo llamaron a “Calificar Servicios”. La vida naval colombiana se pasa haciendo de todo, menos pensando en como luchar en el mar. El que crea que la gloriosa Armada de Padilla planeó y ejecutó una operación secreta para ingresar comandos en Venezuela con la misión de degollar a Nicolás Maduro, no conoce a la Armada Colombiana. Lo más probable es que el oficial a cargo de esas lanchas estuviera tomando trago con sus amigos en la Cámara de Oficiales, o retozando en su camarote de la Base con su moza, y se olvidó de asegurar propiamente esas lanchas en el puerto, eso fue todo.

Cuando yo pienso en la Armada Nacional me acuerdo del cuento de los “Bomberos de Dusseldorf”. Anterior a la Primera Guerra Mundial existía un chiste dentro del Ejército Prusiano que hacía referencia a esta unidad de bomberos. Al hacer cualquier plan contra sus enemigos, todos lo preparativos del Estado Mayor Alemán se enfocaban en el Ejército Francés, el ejército más fuerte y peligroso de todos. Y si alguien decía: ¿Y qué hay del Ejército Belga?”, una fuerza mucho más modesta que el Ejército Francés, Moltke y su estado mayor replicaban jocosamente: “A esos les mandamos a los bomberos de Dusseldorf”.
Los Bomberos de Dusseldorf eran una unidad de veteranos gordos y bonachones que demoraban bastante en responder a cualquier incendio y que, gracias a su parsimonia, se habían hecho sinónimos de mediocridad.

Colacho, mi llave, devuelve esas lanchas que ahí no hay nada siniestro. La Armada de Colombia no penetró tu territorio con Navy Seals, ni ingresó un contingente de mercenarios americanos, ni nada por el estilo, ellos son los Bomberos de Dusselfdorf, créeme.

Yo alguna vez conocí un oficial de la Armada que tuvo que prestar servicio en zonas de “orden público” durante el pico de la guerra contra las FARC, por allá a finales de los 90s del pasado siglo. Este oficial había sido comandante de una patrullera de río, una “PT” artillada de esas que protegen las vías fluviales.
Un día, ya después de que se hubiera retirado, le pregunté: “Oye, ¿y tú por qué te retiraste de la Armada?”.
Y este oficial me contestó, con la tranquilidad y honestidad más grande del mundo: “¡Ombe, viejo Felo!, después de conocer la guerra de cerca, me di cuenta que no me gustaba”.
Estaba claro: este amigo mío había ingresado a la Armada para ser edecán de reinas en el Reinado Nacional de la Belleza, no para ir a la guerra.

A veces pienso que hasta los Bomberos de Dusseldorf del cuento de Moltke eran más agresivos que los oficiales de la Armada Nacional de hoy.
¡Ya quisiera yo que hubiera algo siniestro en el cuento de las 3 lanchas, eso sería un progreso!

*Las opiniones expresadas en este documento no han sido sometidas a revisión editorial, son de la exclusiva responsabilidad de los autores y pueden diferir con las del The Cartagena Post.

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