La recta final en la cadena de frío para la vacuna contra COVID-19

By: Inga Vesper

El mundo no estaba preparado para COVID-19, pero ha respondido notablemente al desafío de una pandemia. Casi un año después del brote, 172 países están involucrados en la investigación de vacunas candidatas para combatir el virus.

A primera vista parece que se ha logrado un nuevo nivel de equidad en la salud mundial gracias a la pandemia. Pero si bien el desarrollo de la vacuna es un esfuerzo conjunto, el acceso a ella podría verse obstaculizado por sistemas de salud deficientes y falta de infraestructura.

La escala de la vacunación mundial necesaria para lograr cierto nivel de inmunidad al virus no tiene precedentes. Solo la India tendrá que vacunar a unos 900 millones de sus habitantes para alcanzar el umbral de inmunidad de rebaño deseado. En África, la cifra ronda 750 millones de personas, muchas de las cuales viven en comunidades rurales con acceso limitado a la atención sanitaria.

El problema está en la cadena de suministro. Producir una vacuna, una vez que se obtenga, es relativamente fácil. Pero hacerla llegar a la gente requiere una sofisticada red de transporte, almacenamiento, congelación, comunicación y asistencia sanitaria que será difícil de concretar a nivel mundial, especialmente en la parte final del viaje.

“Es el mayor desafío logístico que el mundo jamán ha visto”, dijo Toby Peters, profesor de Economía fría en la Universidad de Birmingham, Reino Unido. “Tienes un volumen de vacunas que nunca se había abordado, hay que cumplir con requisitos de velocidad y lograr el desafío del alcance”.

Peters participa en un proyecto de investigación en Bangladesh para elaborar un plan de acción para futuros programas de vacunación a gran escala en el Sur global. El abastecimiento de los centros de salud rurales y las aldeas remotas al final de la “enredada” recta final es donde la logística falla y se pierde hasta 25 por ciento de las dosis de vacunas, dijo.

Cadena de frío

En Asia y África, las temperaturas diurnas que rondan 50°C no son atípicas, y el Oriente Medio y el Caribe también están experimentando episodios de calor y humedad extremos.

“Es el mayor desafío logístico que el mundo jamás ha visto”.

Toby Peters, Universidad de Birmingham

COVID-19 representa un desafío específico: todas las candidatas a vacunas que se están investigando pierden su potencia rápidamente a temperaturas superiores a 10°C, ya que el antígeno —el componente que proporciona la inmunización— se degrada rápidamente si no se congela.

Actualmente se están probando varios antígenos proteínicos diferentes en el mundo, pero incluso los más resistentes requerirán refrigeración.

Esto significa que todos los candidatos potenciales para la vacuna de la enfermedad necesitarán un enfriamiento entre 2 y 8°C, mientras que algunos requieren un congelamiento de hasta -80°C durante el transporte.

Esta es la llamada cadena de frío: la capacidad de transferir y transportar productos congelados sin problemas desde los centros de carga hasta las comunidades más pequeñas y remotas.

El desafío de la infraestructura

La infraestructura de la cadena de frío existe en la mayoría de los países en desarrollo, pero es insuficiente en cuando se llega a el último tramo del recorrido hacia el usuario. Según Kostadin Fikiin, profesor de tecnología de refrigeración en la Universidad Técnica de Sofía en Bulgaria, esto hace que alrededor de 40 por ciento de las vacunas existentes sean inutilizables en países pobres.

Sin embargo, los países con una fuerte cadena de frío para el almacenamiento de alimentos podrían adaptarla fácilmente para distribuir vacunas, dijo Fikiin, que señaló como ejemplo a la India, que tiene la cadena de frío de más rápido crecimiento del mundo gracias a los avances de la tecnología.

“La capacidad de la cadena de frío depende fuertemente del nivel de digitalización de un país y de las tecnologías de comunicación, por ejemplo, para el seguimiento y la localización”, dijo Fikiin a SciDev.Net. “Muchas de estas tecnologías son suficientemente asequibles y factibles para el mundo en desarrollo, especialmente dada la cobertura global de los sistemas de navegación por satélite”.

Además, la tecnología de la cadena de frío se adapta cada vez mejor a los entornos de países en desarrollo. Los refrigeradores y congeladores son cada vez más pequeños y eficientes, y muchos pueden ser alimentados con baterías o paneles solares para protegerlos de los cortes de energía.

Algunos de estos refrigeradores ahora pesan solo cinco o diez kilogramos, lo que significa que pueden ser transportados a pie en regiones de difícil acceso. También tienen conectividad de datos para monitorearlos de manera remota y seguir la ruta de las vacunas que almacenan.

Vaccine Last Mile

Haile Dooch, voluntario de UNICEF, administra vacunas transportadas en un refrigerador al distrito Hamer, en Etiopía. Las vacunas que requieren refrigeración o congelación se enfrentan a desafíos en la última parte del viaje para llegar a la población, cuando la cadena de frío puede romperse. Crédito de la imagen: UNICEF/Getachew (CC BY-NC-ND 2.0).

Los últimos kilómetros de la vacuna

Los tiempos de almacenamiento también han aumentado. La vacuna candidata a COVID-19 del laboratorio Pfizer podría almacenarse durante seis meses a -70°C y hasta diez días en bolsas de hielo. La candidata de Moderna se mantiene estable a -20°C hasta seis meses y puede ser almacenada en una hladera durante 30 días.

En tanto, la de Johnson & Johnson puede ser almacenada hasta tres meses a entre 2 y 8°C, que es la temperatura de un refrigerador estándar. “Esto hace que la vacuna candidata a COVID-19 sea compatible con los canales de distribución de vacunas estándar y no requiera una nueva infraestructura para hacerla llegar a las personas que la necesitan”, dijo a SciDev.Net Luis Roman, vicepresidente de entrega global de la subsidiaria Janssen de Johnson & Johnson.

En ausencia de una vacuna termoestable que pueda soportar las temperaturas extremas experimentadas en algunos países en desarrollo, Peters dijo que las vacunas estables en refrigerador serán más adecuadas para una distribución más amplia en el Sur global.

“Esto no cambia la necesidad de una cadena de frío robusta y de asegurar una distribución equitativa, pero quizás hace que los tipos de equipo sean más estándar”, dijo.

Las mejoras que se hagan para lograr que la vacuna recorra el último tamo de la cadena de distribución podrían tener beneficios adicionales. Por ejemplo, podrían abrir nuevos mercados a largo plazo para las empresas farmacéuticas, lo que daría lugar a un mejor acceso a otras vacunas además de la COVID-19.

Nacionalismo de vacunas

Pero algunos científicos advierten que solo arreglar el enrevesado problema de la última parte de la cadena de suministro no será suficiente para asegurar que las vacunas se distribuyan rápidamente en todas partes.

A principios de este año, Richard Hatchett, director ejecutivo de la Coalición para las Innovaciones en la Preparación ante Epidemias, advirtió sobre el “nacionalismo de vacunas”, una situación en la que los países (productores de las inmunizaciones) podrían distribuir una vacuna en todo el mundo, pero no lo harán hasta que sus propios mercados estén cubiertos.

Según Hilde Stevens, investigadora principal del Instituto para la Innovación Interdisciplinaria en la Atención de la Salud, este riesgo es particularmente alto para la vacuna COVID-19, que se necesita a nivel mundial e inmediatamente.

“La actual crisis del coronavirus plantea problemas particulares con respecto a la demanda ilimitada”, dijo. “Los países productores de vacunas se enfrentarán al dilema de satisfacer la demanda nacional y garantizar la exportación a otros países. La cuestión del precio y la demanda corre el riesgo de dejar sin acceso a las regiones más pobres”.

Para Peters, hay otra cuestión que rara vez se ha discutido: la sostenibilidad. Espera que los políticos y las organizaciones sanitarias que invierten mucho en tecnología para hacer que la vacnua llegue a la gente se aseguren de que esta infraestructura, una vez creada, pueda mantenerse fácilmente y genere mínimo impacto ambiental.

“Queremos salir de la pandemia con una cadena de frío que cubra 100 por ciento de la población mundial”, dijo. “Los gobiernos deben pensar en eso rápidamente y crear una capacidad que pueda utilizarse a largo plazo, más allá de COVID-19”.

This article was originally published on SciDev.Net. Read the original article.

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