Jalfin llega a su 10mo. álbum «Una proeza» con mucha compañía y «como resistencia a la pandemia»

El músico y compositor Darío Jalfin estrenará mañana su décimo disco solista “Una proeza”, donde lo acompaña un notable y nutrido elenco integrado por Litto Nebbia, Hilda Lizarazu, Kevin Johansen, Martín Buscaglia, Juliana Gattas, Loli Molina y Pablo Grinjot en una convocatoria que, según confiesa, “nació casi como una forma de resistencia a la pandemia”.

“La idea del aislamiento fue muy dura para mí, porque la música siempre es un fenómeno colectivo. Así que busqué la manera de seguir componiendo, conectándome y buscando los mejores aportes para cada canción”, repasa Jalfin durante una entrevista con Télam.

A modo de balance de la experiencia emprendida, el pianista, productor y cantante asegura que estaba “contento” porque sintió que pudo “transformar los límites de un momento tan difícil, en una posibilidad”.

Y vaya si Jalfin forzó las fronteras del contexto, ya que no solamente incluyó la participación de grandes artistas en cada una de las ocho canciones de la placa sino que compuso con Sandra Corizzo (“Instrumentos” y “Luz primera”) y Loli Molina (“Pierde el hilo”).

Además, del registro participaron Lucas Martí, Matías Mendez, Christine Brebes, Patricio Carpossi, Andrés Rot, Carto Brandán, Ramiro Flores, Sergio Wagner, Ignacio Long y Zelito Ramos Souza.

La reunión con Nebbia (para “Valiente forastera”, que abre el repertorio) lo reencuentra con quien fuera el presidente del jurado del premio Octubre por el que llegó a su primer disco “Le pondría una letra” (2006) publicado a través de Melopea, el sello del legendario artista rosarino.

En tanto, la canción que da título al álbum tiene dos versiones, ambas junto a su amigo Johansen pero mientras la formal suena con banda, la que cierra el recorrido la comparten a piano y voz.

Además de lanzar “Una proeza”, el también docente sostiene su actividad mediática donde como «El Doctor Música» ofrece columnas en radio, podcast y televisión.

Télam: ¿Qué sentís que te aportó el trabajo creativo con otras y otros?

Darío Jalfin: Me aportó muchísimo. Primero que nada diversidad y frescura. Con las canciones que tienen letras de Sandra Corizzo y Loli Molina, la posibilidad de nutrirme de otras miradas para músicas que estaba haciendo, y con los invitados especiales y muchos de los músicos que grabaron, se generó algo virtuoso a partir de la distancia: cada uno aportó lo que sentía, su interpretación personal sin estar grabando conmigo. Eso le dio una libertad y una frescura que se notó mucho a la hora de mezclarlo. Melodías variadas, acordes reinterpretados, propuestas que expandían mis ideas originales. En algunos casos hasta me hicieron replantear lo que yo tenía armado de antes para terminar las canciones.

T: ¿Pensás a tu música como un puente que puede ser habitado por personas con inquietudes estéticas distintas como, por ejemplo, Litto Nebbia y Juliana Gattas?

DJ: Sin dudas. Creo que hago canciones bastante universales y atemporales, inclusivas para que las pueda habitar quien quiera: músicos y oyentes. Además mis discos siempre son muy variados, no están anclados en un género. Y me gusta mucho incluir a distintas generaciones. Por otro lado, Litto y Juliana son dos artistas súper amplios, que pueden cruzarse entre ellos y con muchos más.

T: Dentro de un repertorio propio, ¿cómo aparecieron las versiones de «Mar e lua» de Chico Buarque y «Gato egipcio» de Gustavo «El Príncipe» Pena?

DJ: Aparecieron naturalmente, por afinidad. Son dos autores que admiro mucho y dos versiones muy distintas de las originales, que es lo que a mí me motiva de versionar: aportar una mirada distinta de una canción. “Gato egipcio” la conocí unos años antes por mi amigo y gran flautista Juan Pablo Di Leone. Después de armar esta propuesta electrónica vi que Martín la había cantado algunas veces y no dudé en invitarlo, porque además es un referente para mí. En cuanto a “Mar e lua” es una canción que me acompaña desde la infancia y siempre le encontré algo tanguero y milonguero, que puse al frente en mi versión, cantando junto a Pablo Grinjot y la guitarra de Zelito Ramos Souza desde Brasil.

T: ¿Sentís que hacer música es una “Proeza”?

DJ: Hacer música es, antes que nada, una bendición. Pero la pandemia puso todo muy cuesta arriba. No poder juntarse a tocar con otros en lo más anti música que hay. Yo en un momento tenía montado medio estudio en casa, en la habitación del hijo de mi compañera. La “proeza” para mí fue, desde esa situación y habiendo pasado por el Covid, lograr hacer este disco, igual que mis laboratorios de creación colectiva o las columnas en el programa de Gerardo Rozin (“La peña de morfi”, Telefe) y en las radios. Hubo que sacar un plus de empuje de algún lado y apareció.

T: ¿Imaginás llevar este disco a escena y poder reunir a todo su elenco?

DJ: Me imagino haciendo una gran presentación en vivo, con los invitados que puedan estar ese día. Yo ya hice trabajos con muchos invitados y lo lindo es que al ir tocándolos en vivo, va apareciendo cada uno cuando puede. Todo tiene que ser parte de un fluir y es un honor que semejantes artistas hayan querido tocar y grabar conmigo.

T: ¿Cómo creés que dialoga “Una proeza” con tus discos anteriores?

DJ: Creo que combina cosas de mis dos últimos discos de canciones: “La ilusión” (2016) y “Lo que nunca haría” (2019), que lo produjo Tweety González y me desafió a trabajar con un lenguaje mucho más electrónico. Este disco incorpora mucho de esa exploración, pero también retoma cosas de lo acústico y los arreglos escritos que tenia «La Ilusión», donde no trabajé con tantos invitados pero hice una canción que canté con Fito Páez y una versión de «Dulce condena» con Loli Molina que también marcaron un rumbo hasta este álbum.

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