EL REGRESO DE DOÑA PETRA

Doña Petra Cotes Buendía, mi personaje ficticio que representa a una persona mayor, tiene su casita en el barrio El Prado de Barranquilla y quiere pasar sus últimos años de vida viajando y conociendo el mundo. Su gran sueño es ir a Tierra Santa para conocer la tierra en donde nació Jesús, pues doña Petra es muy pía.

La hija de una buena amiga suya, Marielita, le ha dicho que piense en una hipoteca inversa, pues con el dinero que le daria el banco, más la pensión que le ha dejado su marido, sería suficiente para vivir y viajar con comodidad.
Marielita lleva a doña Petra a un banco, que evalúa el valor de la casa y le da un precio base a doña Petra, un precio que ella considera que está un 30% por debajo del valor del mercado de la casa.
No obstante, doña Petra se siente atraída por la hipoteca inversa pues sabe que si vende la casa por su valor de mercado, ella no va a ver mucho de esa plata. Uno de sus hijos siempre está “pasando aceite” y a cada rato viene a “morderle” un pedazo de su pensión, ahora imagínense si se entera que su madre accede a dinero en cantidades.

Por otro lado, doña Petra quiere viajar para salir un poco de su barrio, que ya no es lo que era antes. Gente “rara” se ha mudado al barrio y, tres casas abajo de la suya, uno de sus vecinos alquilo su casa a un banco, y ahora la cuadra vive llena de carros y gente extraña.
En contra de la recomendación y el consejo de su sobrino Rolando, que le tiene puesto el ojo a la casa, doña Petra se decide por la hipoteca inversa, a pesar de que los pagos están basados en un precio inferior en un 30% al valor del precio de mercado de la casa.

Durante 8 años doña Petra se dio la gran vida. Viajó, visitó a todos sus hijos todos los años incluyendo a la hija que tiene en Canadá y al hijo que tiene en España, y vivió cerca de sus nietos todo ese tiempo. Y al regresar a Barranquilla, aún tenía su casita a donde llegar.
Por otro lado, el barrio de doña Petra se empezó a deteriorar. Más y más gente “rara” se mudó a su barrio y ya la gente “de bien” no quería comprar allí, haciendo que los precios de las casas en ese barrio bajaran. Para rematar, en esos años se desinfló una burbuja inmobiliaria a nivel nacional, y los precios de las viviendas cayeron un 20% en promedio. Para cuando doña Petra finalmente descansó en la paz del Señor, la casa se había devaluado un 40% del precio del mercado que el banco había estimado al hacerle los pagos a doña Petra. En otras palabras, en el negocio de doña Petra, el banco perdió plata.

Moraleja: cada negocio que hace un banco implica un riesgo. En este caso, el banco toma un “riesgo de mercado” que, en este caso particular, se materializó, pues el precio de la casa se devaluó luego de que doña Petra accediera a la hipoteca inversa por razones que el banco no habría podido anticipar al darle a doña Petra la hipoteca inversa. Nadie puede anticipar a ciencia cierta en un 100% cuál va a ser la dirección que va a tomar el mercado de la vivienda en un futuro.
Y doña Petra tomó la mejor opción, pues recibió su “annuity” mientras vivió y se dio buena vida, sin tener que vender la casa y tener que darle la plata a su hijo “llevado” de billete, que muy seguramente la hubiera despilfarrado en un par de años.

Como quien dice, un arreglo con un mal banco puede ser mejor que un “arreglo” con un mal hijo.

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