El legado de Duque – Segunda parte

Hace una semana Iván Duque se presentó ante el Parlamento Europeo y en su discurso habló sobre su exitosa gestión como presidente de Colombia.

Dentro de su intervención habló de una Colombia que no existe. El legado de Iván Duque no es prosperidad, paz y bienestar, es todo lo contrario. Duque después de cuatro años de gobierno entrega un país peor de como lo encontró, con más violencia, muerte, pobreza y desigualdad.

Esta es la segunda parte de la columna “El legado de Duque”. Puede leer la primera parte dando clic aquí.

En Colombia ser líder es una sentencia de muerte

Mientras Duque daba su discurso, varios eurodiputados protestaron, al finalizar continuaron con su protesta, le exigían a Duque la verdad sobre el asesinato de líderes, sobre los jóvenes asesinados por la policía durante las protestas del año pasado y sobre los desplazados.

Los medios de comunicación abordaron a Duque, lo increparon al respecto. El presidente de Colombia respondió los siguiente:

«Siempre se habla de esos asesinatos a partir del 2016, pero no se mira hacia atrás y se ve la desafortunada tendencia histórica de Colombia. Hemos duplicado el presupuesto de protección de líderes sociales y el de personas en reincorporación. Y, en 2021, se detectó una reducción sustancial en ese tipo de crímenes», afirmó Iván Duque.

El mandatario colombiano afirma que duplicaron el presupuesto para proteger a los líderes sociales y a las personas reincorporadas. Lo cierto es que las cifras y los alarmante de cada caso hace que nos preguntemos ¿En qué invierten ese presupuesto para protección? ¿Por qué no cesan los asesinatos a lo líderes? ¿Por qué no hay acciones contundentes por parte de la justicia que muestren resultados frente a estos crímenes?

En declaraciones dadas a el diario El País de España, José Miguel Vivanco, director de HRW para las Américas señaló: “El Gobierno del presidente Iván Duque condena frecuentemente estos homicidios, pero la mayoría de los programas gubernamentales para prevenir estos asesinatos apenas funcionan o tienen graves deficiencias”.

Según de las cifras de Indepaz, el año 2021 cerró con 171 líderes sociales asesinados. De los cuales el 25% fueron indígenas. En siete departamentos de Colombia se concentró el 70% de los homicidios: Antioquia, Cauca, Valle del Cauca, Chocó, Norte de Santander y Putumayo. También asesinaron a 48 firmantes del Acuerdo de Paz.

Desde que se firmó el Acuerdo de Paz (2016) han matado en total 1311 líderes, lideresas, defensores de DD. HH y ambientalistas. Desde el 7 de agosto de 2018 en el que Iván Duque se posesionó como presidente hasta hoy, han asesinado 867 líderes. El 64% de los líderes asesinados desde la firma de la paz, han ocurrido durante el gobierno actual.

En el 2018, fueron asesinados 115 líderes, de los cuales 38 homicidios ocurrieron durante los primeros 4 meses de gobierno de Iván Duque.

En 2019 asesinaron a 279 líderes y lideresas. De los cuales, 66 fueron líderes indígenas y 106 campesinos ambientalistas asesinados.

Para el año 2020, la cifra aumentó, fueron asesinados 310 líderes y defensores de los derechos humanos, junto con 12 de sus familiares, debido al confinamiento por la pandemia muchos líderes fueron asesinados dentro de sus casas, matando con ellos a padres, hijos y parejas. También asesinaron en 2020 a 64 firmantes del acuerdo de paz.

Durante el 2021 fueron asesinados 171 líderes y lideresas, más 48 firmantes del acuerdo de paz. También durante el marco del paro nacional asesinaron a 79 marchantes, de los cuales 44 homicidios fueron, presuntamente, cometidos por la fuerza pública.

En lo que va corrido del 2022 han asesinado a 25 líderes sociales, de derechos humanos y ambientales. El 14 de enero de este año asesinaron a un niño indígena, líder ambientalista. Su nombre era Breiner David Cucuñame, tenía 14 años y era miembro de la guardia indígena estudiantil en el departamento del Cauca.

¡Breiner era un niño que protegía el ambiente! La vida de los niños no vale nada en Colombia. El año pasado amenazaron de muerte a otro niño de 11 años, activista ambiental, su nombre es Francisco Vera. Cuando eso sucedió el país se indignó, como debía ser. Hoy Francisco sigue con vida. Con Breiner nadie se indignó, o por lo menos muy poquitos ¿Por qué? Breiner era indígena, pobre y vulnerable.

Como escribí en otra columna si Greta Thunberg viviera en Colombia, ya no estaría viva o hubiera tenido que salir huyendo de aquí.

Van 53 días del año 2022 y 25 líderes asesinados, eso quiere decir que, en promedio, matan un líder cada dos días. El más reciente líder asesinado se llamaba Steven Loiza, de Buenaventura – Valle del Cauca. Lo mataron el 18 de febrero.

De acuerdo a información de Indepaz, Steven era activista social, hacia parte de la Asociación de Comerciantes de Buenaventura. Lideró una campaña llamada la carrera por la paz y la reactivación. También hacía parte de un colectivo que organizaba una marcha en contra de la violencia para el próximo 24 de febrero.

Además de los 25 líderes que van asesinados en este 2022, también han matado a cinco firmantes del acuerdo de paz, se han registrado 98 amenazas a líderes, 58 atentados con tentativa de homicidio y 17 desapariciones forzadas.

Iván Duque Márquez no tiene nada de lo que sentirse orgulloso en relación con su labor por la paz, no hay ningún resultado positivo que mostrar ante el mundo. Durante su presidencia gobierna la muerte, los homicidios hacia aquellos que luchan por los derechos humanos, protegen ambientalmente los territorios y decidieron firmar la paz. No hay hechos contundentes para finalizar el horror de muerte que persigue a todo el que defiende una causa justa en Colombia, todo aquel que represente una minoría, que luche por los derechos humanos o por el ambiente tiene una sentencia a muerte dentro de Colombia.

Desplazados, la realidad de la Colombia olvidada

Durante su intervención ante el parlamento europeo, Iván Duque dijo orgulloso que logró “3.000 millones de dólares en materia de inversión para las regiones más golpeadas por la violencia”.

No sé en qué han invertido todos esos millones de dólares, porque las regiones más golpeadas por la violencia son las más pobres y durante su presidencia el incremento de la violencia en estos departamentos es alarmante.

Según la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), el 2021 cerró con una cifra alarmante, los desplazamientos forzados aumentaron en un 196% en comparación con el año 2020. Debido al conflicto armado, alrededor de 72.300 personas debieron huir obligadas de sus territorios durante el 2021.

De estas 72 mil personas solo el 26% ha podido retornar a sus hogares. Un 74% de los desplazados de 2021 no ha podido regresar a sus territorios porque no existen garantías de seguridad y sus lugares de origen son dominados por grupos armados. De estos, 4.446 son niños y niñas. Fueron 159 emergencias de desplazamiento forzoso. Un promedio de 53.150 personas se mantiene desplazadas sin recibir la ayuda humanitaria necesaria, con problemas para acceso a alojamientos, inseguridad alimentaria, sin servicios de salud, agua, higiene y protección.

Iván Duque bate récords históricos en el tema del desplazamiento forzado. El 2021 tiene la mayor cifra de desplazamientos forzosos desde hace 8 años. Duplicó el total de desplazados de 2020 y presentó la cifra más alta de desplazados de los últimos 8 años.

Durante el 2021 fueron amenazadas 17.400 víctimas de desplazamiento y 1.600 fueron asesinados violentamente.

Uno de los departamentos más afectados durante el 2021 por el desplazamiento fue Cauca, ocurrieron 25 sucesos de desplazamientos masivos, que dejaron más de 9.482 personas desplazadas. De estos 25 desplazamientos masivos, 18 ocurrieron en el municipio de Argelia, de allí huyeron desplazados 7.576 colombianos.

En lo que va corrido del 2022 ya se han dado 16 desplazamientos forzados masivos y 25 hostigamientos armados. La ONU alertó que desde el 9 de diciembre de 2021 hasta el momento han sido desplazadas forzosamente 857 familias, que equivalen a 2.237 personas aproximadamente del departamento del Cauca.

Desde el 20 de enero se están desplazando decenas de familias del Bajo Calima, en Buenaventura hacia Cali debido al conflicto que existe en el territorio entre grupos armados como el Clan del Golfo y el ELN.

A la ciudad de Cali han llegado a más de 2000 personas hasta el momento. Las familias que salieron de esa zona de Buenaventura corresponden a casi un 90 % de sus habitantes.

Hemos vuelto a la época de pueblos fantasmas, donde toda una población huía desplazada debido a la violencia armada.

Estas son las cifras del desplazamiento forzado durante el gobierno de Duque:

En el 2019 se dieron 64 eventos de desplazamientos masivos en el país, que obligaron a huir de su territorio a 25 mil colombianos.

Durante el 2020 ocurrieron 90 eventos de desplazamiento forzado con 28.509 víctimas que huyeron de sus hogares.

En el 2021 se dieron 159 eventos de desplazamiento forzado masivo, de los cuales 72.300 personas debieron salir de sus territorios.

Las cifras históricas de Iván Duque no son ni en crecimiento económico ni en el aumento de salario mínimo, son en el aumento alarmante de las situaciones de violencia, desplazamiento, masacres y homicidios.

No son asesinatos colectivos son masacres

En el 2020 cuando Duque recibió reproches por parte de la comunidad internacional debido al histórico aumento del numero de masacres, lo que contestó en su momento fue “no son masacres son asesinatos colectivos”. Como si cambiando la manera como denominar un acto violento le quitara importancia o gravedad. Utilizando nuevamente la táctica del eufemismo para desviar la realidad de muerte e injusticia que devora a Colombia. Intentando, con palabras, hacerle el “saque” a los derechos humanos y a los delitos de lesa humanidad.

De acuerdo a los datos de Indepaz, a corte de 12 de febrero de este año van 19 masacres, en los departamentos de: Cauca, Antioquia, Valle del Cauca, Casanare, Magdalena, Nariño, Arauca, Putumayo, Chocó y Norte de Santander. Para un total de 82 personas asesinadas.

Durante el 2021 se dieron 96 masacres con 338 víctimas. El mayor número de personas asesinadas se dio en Antioquia con 52, Cauca con 46 y Valle del Cauca con 44.

El 2020 finalizó con 91 masacres en el 2020, en las cuales asesinaron a 381 colombianos en 66 municipios del país. El mayor número de masacres se dio en Antioquia con 21, seguido por Cauca con 14 masacres.

El 26 de febrero de 2020, el representante de la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos en Colombia (Acnudh), Alberto Brunori, presentó el informe anual de derechos humanos en Colombia.

En este informe la oficina de la ONU manifestó que en 2019 ocurrieron 36 masacres en las que murieron 133 personas y dentro del informe afirma que las masacres ocurridas en 2019 son “la cifra más alta registrada por el Acnudh desde 2014”.

Allí comenzaron las cifras históricas de Iván Duque. En 2019 tuvimos la cifra más alta de masacres desde 2014. Pero, a este gobierno le gusta romper los récords y dejar como legado números inolvidables, como le gusta decir últimamente al presidente “cifras históricas”, entonces 36 masacres no eran suficientes y pasamos de 36 masacres en 2019 a 91 en 2020, luego a 96 en 2021 ¿Con cuántas masacres entregará Iván Duque este país al próximo presidente? Eso lo sabremos el próximo 7 de agosto.

Pero ninguna de estas cifras históricas son las que Iván Duque cuenta en el parlamento europeo. Con semejantes cifras, Iván Duque tendría que explicarles a los europeos en que se ha gastado todo el dinero que Europa le ha dado para la paz, los migrantes y la pobreza ¿Exactamente en que se han gastado las donaciones para la paz? Las masacres se triplicaron durante su gobierno…

El legado que Duque le entrega a los colombianos y al próximo presidente es una Colombia llena de muerte, desplazamiento, violencia, hambre, moneda devaluada y desigualdad.

En una tercera parte de esta columna hablaremos del legado medioambiental de Iván Duque.

Posdata: quiero hacer el siguiente comentario al margen de la columna y que es muy personal.

El día que eligieron a Iván Duque sentí una gran frustración, dolor e impotencia. No podía creer que este país hubiera elegido a una persona inepta, sin ética y malvada. Estaba segura que el país volvería a vivir las masacres y los desplazamientos que tanto horror causaron. En varios grupos de WhatsApp a los que pertenezco festejaban felices que Duque fuera nuestro próximo presidente. En uno de los chats me atreví a hablar. Les dije “van a volver las masacres, los paramilitares, el incremento del narcotráfico, la muerte, la guerra…” se rieron de mí. “Estoy segura que eso no va a pasar”, dijo una. “Nos salvamos del comunismo”, dijo otra.

Era evidente que todo esto iba a ocurrir. Nuestro actual gobierno es una representación de ese país paramilitar y narcotraficante, clase política que nos gobierna desde hace tantas décadas.

Hoy, aunque las cifras son contundentes no parece importarles. Casi todos los que conozco que eligieron a Iván Duque, siguen felices con el gobierno que eligieron y orgullosos del país de muerte y horror en el que nos hemos convertido.

Las cifras son tan concluyentes y demuestran que durante el gobierno de Iván Duque han aumentado histórica y alarmantemente los asesinatos a líderes, los desplazamientos y las masacres. Pero eso no les importa a los que votaron por Duque, es más, siguen dispuestos a elegir a más como él que continúen el legado de muerte y horror.

Como dijo una vez Charles Bukowski: «Supongo que el único momento en que la mayoría de la gente piensa en la injusticia es cuando le sucede a ellos». Y eso le ocurre a una gran parte de los colombianos. No les importan los masacrados, las familias de los líderes asesinados ni los más de 70 mil desplazados del año pasado, porque no los conocen, no son sus amigos. Porque eso no sucede dentro de su entorno. Una parte de Colombia carece de empatía hacia el otro. Hay una Colombia que es egoísta e indolente ante la tragedia ajena. Inmutable ante la muerte, la desigualdad, el hambre y la injusticia. Hay colombianos que ven normal y como parte del paisaje a las masacres y los homicidios hacia las personas más vulnerables.

Siempre habrá un versículo bíblico, una teoría conspirativa o una explicación de algún youtuber o instagramer que justifique la realidad de desigualdad, injusticia, horror y muerte que vive el país. Los cuales utilizarán como argumento para defender las razones por las cuales eligen personas que permiten que Colombia siga este rumbo de violencia que lleva por décadas.

Dice mucha gente: “¡Vibremos alto!”, “enviémosle luz a la situación”, “irradiémosle energía positiva”… Consígueles alojamiento y comida a 2 mil desplazados imaginándote que les envías luz de amor. Trabajar por el otro es acción, no es suficiente con mantras ni con visualizar lucecitas y vibraciones.

Colombia vive una epidemia de indolencia, de crueldad, de falta de empatía, de ridiculez y de absoluta superficialidad ¿Cómo nos curamos? No tengo ni idea.

A %d blogueros les gusta esto: