Economía campesina de Choachí en alto riesgo

Las condiciones de cultivo en zonas de ladera hacen que el suelo se encuentre muy desgastado por factores asociados tanto con la erosión como con la ausencia de microorganismos y materia orgánica responsables de su recuperación.

Por medio de un estudio de suelo a las propiedades de cerca de 60 familias, se estableció que el 30 % del terreno del municipio de Choachí (Cundinamarca) se encuentra en franco deterioro. Para el análisis se utilizó un procedimiento cromatográfico, en el que los colores oscuros azules, grises y violetas están asociados con una degradación excesiva del suelo por sobreintoxicación.

“Tomamos distintas muestras de suelo, que luego secamos y pasamos por unos reactivos para hacer el correspondiente análisis tras aplicar nitrato de plata en una cámara oscura y revelar los distintos colores en papeles especiales, o de cromatografía”, explica Víctor Raigoso, quien realizó su tesis de pregrado en Geografía a partir de un estudio adelantado en la zona.

Si a ello se suma el uso excesivo de agroquímicos, y que los campesinos tampoco manejan los precios del mercado, las fincas de los pequeños productores –con extensiones que pueden abarcar desde menos de una hasta dos hectáreas–, se encuentran en una encrucijada que podría extrapolarse a gran parte de la Región Andina.

Aunque la producción a pequeña escala de productos como papa, cebolla, tomate y habichuela hace imposible realizar un mapeo de la zona, más del 30 % de los predios está destinado a un tipo de producción agrícola, entre los que al menos el 50 % presenta un alto índice de degradación.

Según el tesista, el problema se agrava cuando la tierra comienza a ser inapropiada para sembrar, y entonces –con frecuencia– los propietarios hacen el tránsito hacia la ganadería, incrementando el desgaste.

“Si tenemos en cuenta que Choachí es un municipio con un área rural de 25.000 hectáreas, las condiciones de degradación del suelo pueden tener gran impacto en 5.000 de ellas”, precisa el geógrafo, quien desarrolló su trabajo con base en el método de investigación “Acción participativa” propuesto por el profesor Orlando Fals Borda.

Con suelos cada vez más difíciles de cultivar y ganancias que suelen terminar en el bolsillo de los intermediarios, la propuesta del investigador está encaminada a que las comunidades se inserten en un tipo de economía campesina que integre el cultivo de distintos productos, pues en la actualidad se registra una marcada tendencia al monocultivo.

“Contar con una economía diversificada no solo permitiría establecer una rotación en los cultivos que contribuiría a su recuperación, sino que además abriría la posibilidad de tener mayor control sobre los precios”, puntualiza el tesista.

A merced de los intermediarios

A pesar de que toda la producción agrícola que se produce en el municipio se envía a Bogotá, buena parte de las ganancias terminan en manos de los intermediarios.

“Acompañé un camión que hacía el circuito entre el punto de acopio en el municipio y Corabastos, y vi que cuando llega allí, una carga de papa puede pasar hasta por tres intermediarios, con una variación en el precio que en general puede llegar hasta el 600 %”, precisa el tesista, para quien la situación es similar con otros productos.

Si se considera que Colombia es un país en el que todavía existe una tradición minifundista, con un equivalente al 30 % y particular fortaleza en departamentos como Tolima, Boyacá y Santander, las instituciones académicas deberían hacer mayores estudios para contribuir a potenciar este tipo de economías.

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