Abstención electoral se da por falta de credibilidad

Entre las razones para no acudir a las urnas se destaca que las personas dejaron de creer en el sistema electoral por su alta percepción de corrupción.

Así lo explica Daniela Sierra Rodríguez, magíster en Estudios Políticos de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.), quien en 2015 analizó cuatro puestos de votación en las elecciones a la Alcaldía y al Concejo para estudiar por qué las personas decidían votar o no hacerlo.

Los puestos elegidos fueron Chicó Norte, que pertenece al estrato 6; el Divino Salvador, estrato 4; Salazar Gómez, estrato 3; y San Joaquín del Vaticano, estrato 1, en la localidad de Ciudad Bolívar.

La investigadora Sierra los escogió teniendo en cuenta que fueron los puestos con menor afluencia de votantes.

Para esto visitó zonas de alta concurrencia y entrevistó a 40 personas sobre diversos aspectos como su relación con el Estado, qué tenían en cuenta al momento de votar, y si habían votado o no en las últimas elecciones, entre otros.

De los entrevistados 19 fueron abstencionistas y de estos se destacaron tres tipos: las personas que no acuden a las urnas porque consideran que la situación de la ciudad o del país es la misma, o perciben a los candidatos como corruptos o vinculados a la corrupción; este fue denominado como “abstencionista desilusionado”.

“En este grupo están los ‘permanentes’, es decir los que no votan en ninguna elección porque creen que todos son corruptos, y los ‘ocasionales’ que solo votan para las elecciones de presidente y alcalde, porque consideran que la corrupción no llega hasta esos cargos”, comentó la magíster Sierra.

También está el “abstencionista interesado”, que es el que vota solo para recibir un beneficio específico en su vida, por lo cual, si no obtiene lo que busca, se ausenta de los comicios electorales. Del mismo modo están los “permanentes” y los “ocasionales”.

Por último, está el “abstencionista confundido”, que no vota en las elecciones del Congreso o del Concejo porque no entiende el funcionamiento de estas corporaciones.

Los demás entrevistados (21) sí reportaron ser votantes. Allí se identificaron los que tienen un sentido del deber que los impulsa a ir a las urnas, consideran que su voto es un principio democrático y siempre buscan el beneficio de la comunidad, y los que ven el voto como un acto en el que pueden opinar o pueden participar en las decisiones que les competen.

Así mismo está el “votante interesado”, que vota en razón a un beneficio personal: “lo relevante para él es identificar el provecho que puede obtener de los comicios electorales, sin entrar a estudiar las pérdidas y ganancias”, añade la investigadora.

Estos hallazgos permiten concluir que, en el caso de las personas entrevistadas, el abstencionismo es un fenómeno multicausal ya que son muchas las razones por las que la gente puede acudir o no a las urnas.

Para combatir estos fenómenos se requiere trabajar desde varios frentes; resaltar la importancia del voto como un acto que contribuye a la democracia; y realizar mayor pedagogía para concientizar a las personas sobre los impactos que puede tener una mala decisión en las elecciones.

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