Abogados ¿Infames? ¿Héroes?

¿Cuánto vale la vida? Ese es el nombre de una película biográfica que en este momento puedes ver en Netflix. Cuenta la historia de Kenneth Feinberg, el abogado que se encargó de indemnizar a los familiares de las victimas del atentado del 11 de septiembre en los Estados Unidos. Nos muestra la fría realidad de un proceso de reparación frente al dolor de los familiares.

Debo confesar que no me agradan los abogados, casi todos los que conozco son como Kenneth Feinberg, durante la primera hora de la película. Para ellos, las personas no son personas, son cifras y problemas que se deben resolver rápidamente. Su conexión con la humanidad del cliente o con la situación es mínima. Así es Feinberg durante una gran parte de la película, quien es interpretado por Michael Keaton, evidentemente su actuación es impecable.

No sé si es que tengo mala suerte y me ha tocado conocer esos abogados piraña en el trabajo y en mi vida en general, pero esa es la imagen que tengo de los abogados, grabada en mi mente y emociones. Esos abogados arrogantes, convencidos que todo lo saben, en todas las áreas, están poseídos por una sabiduría superior a la de otros profesionales.

Así que cuando la película se fue desarrollando, se activó esa antipatía en mí, que es natural hacia los abogados, y mentalmente ‘hijueputié’ a Kenneth Feinberg.

Pero, poco a poco comencé a conectarme con el proceso humano que desarrolla a lo largo de la película el abogado Feinberg. Pude entender la dimensión de reducir a una fórmula el valor de la vida humana.

“Lo justo no es la meta, es acabar y continuar”, esta es una frase que entre abogados se dicen en una escena de la película y resume, para mí, la trama de la cinta y la realidad de la labor de muchos abogados.

Pero, en este momento que escribo esa frase se me convierte en preguntas ¿Lo justo no es la meta? ¿De verdad es acabar y continuar? ¿Para quién buscar la justicia no es beneficio? ¿Para el cliente? ¿Para el abogado? ¿Para el sistema judicial y político? ¿Para la sociedad? La película resuelve todas esas preguntas, aunque algunas quedan a la subjetividad del espectador.

Personalmente le hago todas esas preguntas a los abogados que me lean. Me encantaría conocer sus respuestas para entender cómo funcionan sus mentes, su quehacer diario y su realidad.

¿Cuánto vale la vida? En una de las primeras escenas Feinberg, que también es profesor, les dice a sus estudiantes, “no son filósofos, son abogados. Se trata de colocar una cifra y negociar”. Entonces les pregunto a los abogados ¿En serio? ¿Así es? ¿Eso les enseñan en la Universidad?

La película también pone en evidencia la realidad capitalista y sus tentáculos en el gobierno gringo y en todos los gobiernos del mundo, porque por estas latitudes es igual o peor. El Fondo para reparar a las victimas del 11s surge para evitar que las aerolíneas le pagaran a las victimas y debido a esto quebraran, fueron reparadas alrededor de 9 mil personas. También para evitar demandas masivas que pudieran lograr indemnizaciones muy elevadas ¿Al final quién pagó las vidas pérdidas? El pagapato universal, el pueblo, que de su bolsillo subsidia todo, a los bancos cuando quiebran y en este caso a las aerolíneas. Los impuestos de los gringos pagaron sus propios muertos.

Un aspecto negativo y desagradable, colocan a los inmigrantes de Centro y Suramérica como unos ignorantes, que recibieron sin chistar la limosna de 200 mil dólares, como si se tratara de una fortuna. Es una escena fatal, no actoralmente hablando, sino la situación, la forma como nos muestran ante el mundo. Y sí eso sucedió así es muy triste y refleja la discriminación latente en Estados Unidos.

Es una buena película, tiene su corte dramático tipo del Hollywood, que no le resta, tampoco le suma. El dilema moral y ético es interesante, así como el rol de los abogados. Es impecable actoralmente. Me gustó el filme, se los recomiendo.

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